sábado, 16 de septiembre de 2017

Encrucijadas de la vida /4)

Le dio un sonoro beso en la mejilla, y lo llevó hasta el comedor, lo miraba con un entusiasmo absoluto, le hacía varias preguntas a la vez.
Benjamín le entregó un certificado que funcionaba hasta que obtuviera el diploma.
Laura lo tomó mientras sus ojos empezaban a humedecerse, lo abrazo apretándolo contra ella, y lo volvió a besar en la mejilla derecha.
-Estoy muy orgullosa de vos, Benja, sos...ay no sé ni qué decir, me deja sin palabras esto, te juro, mi amor.
Benjamín le devolvió los agradecimientos de forma mecánica, aunque tratando de sonar lo  más conmovedoramente convincente que pudo.
El almuerzo transcurrió entre innumerables preguntas de Laura hacia su hijo, intercalada con las breves respuestas que este le daba, y que ella llenaba con más felicitaciones.
Jorge y Sofia no dijeron nada, se limitaban a comer, ambos poco, mirando el reloj, Sofia quería volver a su habitación y Jorge al jardín, hoy quería plantar unas flores que había comprado, ahora que se venía la primavera.
Benjamín, su dios, su razón de ser, quien había llegado adonde ella no, quien sería, no quien ya era, quien tendría plata y sería el señor Benjamín, ella sería la madre del abogado, y por qué no del empresario, porque su hijo no estaba para menos, llegaría a ser un empresario, llegaría a ser todo lo que se propusiera, como hasta ahora.
Pero no tengo que absorberlo, ni joderlo, me tengo que contener, dejarlo, que haga, que viva, él solito puede, él solo va a llegar, tiene eso que me faltó a mí, no sé como hice para tener un hijo así, me supera tanto.
Bueno algo bien debo haber hecho, che, me tengo que sentir orgullosa, y si, yo lo ayude como pude, creo que lo encamine, si, si, lo hice, además me parece que de alguna forma está bien que no haya tenido todo, pero si lo suficiente para poder centrarse en sus estudios, eso si es por mí, cuanto hace que apenas me compro ropa o zapatos, solo cuando tiene agujeros, y a la peluquería voy cada mil años, me tengo que andar tiñendo yo para no gastar ni en eso, pero bien invertidos está, ay no, invertir suena a que espero algo a cambio, bah si espero, que él lo logre, y ya lo está haciendo, ya lo está consiguiendo.
Vos sos Benjamín, eso si que es importante, de las pocas personas entre millones que logran ser.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Encrucijadas de la vida /3)

Ya era un licenciado en administración, el diploma se lo darían la semana que viene, pero eso era algo simbólico, lo concreto ya estaba hecho, y ahora su futuro suegro y esperaba que también jefe, podría contratarlo.
Había obtenido las mejores calificaciones de su curso, algo a lo que estaba acostumbrado, sus notas desde la primaría, pasando por todos los años de la universidad, no habían bajado de 9, nunca se lo había permitido, nunca se había permitido tantas cosas...pero por un motivo, por una meta, quería llegar, y sabía que la única forma que tenia de hacerlo era esa.
Ahora la comida familiar, qué poco le interesaba, si le era relativamente simpática la alegría de su madre, también era consciente de todo lo que le debía, aunque se sentía más gratificación que amor hacia ella, en el fondo la veía como una mujer patética, que hbía tratado de traspasarle sus ambiciones frustradas y vivir a través de él. No la despreciaba por ellos, hasta de cierta forma se lo agradecía, creía que en parte esa "presión" ejercida por ella, lo había moldeado, o no, él se había moldeado a sí mismo, pero ella había hecho su aporte, y se lo retribuía poniendo su mejor sonrisa, interpretando el papel del hijo afectuoso cuyo mayor mérito es ver la satisfacción en los ojos de su madre.
No le costaba nada eso, total, no era con la única que interpretaba un papel, siempre lo estaba haciendo, siempre le mostraba a los demás lo que querían ver de él, era la única forma de lograr algo en la vida, conseguir que la gente te percibiera de forma positiva y actuar en consecuencia, hacerles creer que si, que sos así, que eso que ven es tal cuál lo que es, la imagen del éxito, del superado, pero sin ser soberbia, sin egolatría, con un discreto orgullo, pero siempre recalcando que cualquiera con esfuerzo podía llegar al mismo lugar.
Bajó del auto, su madre le había regalado el suyo para que pudiera viajar sin problema su no tener que hacerlo en colectivo o combi, otra de las deudas, los "buenos padres" eran como bancos o tarjetas, siempre dispuestos a dar créditos para luego vivir de los intereses.
 Sintió el olor de la salsa, lasaña...
Si ama supiera que hace años la lasaña dejó de ser mi comida preferida, que prefiero la comida oriental, que la salsa no me va.
Pero bueno, tampoco era tan fea, ni desagradable, y de paso le serviría parta recordar lo que ya no era, un muchachito del interior, que lo único que seguía igual era esa comida, y esa familia con la cuál esperaba tener cada día menos que ver. 

sábado, 2 de septiembre de 2017

Encrucijadas de la vida /2)

Claro que la seguiría, de nada servía tratar de hacerse ilusiones pensando que por cambiar de trabajo, mudarse, e intentar comenzar de nuevo, Ignacio se lo permitiría.
Él estaba acostumbrado a que las cosas se hicieran como quería, y por ahora no quería separarse de ella.
Nuria miró el GPS, comprobó que hasta entonces estaba siguiendo el camino correcto, luego concentró su vista en su hijo, que no la despegaba del celular, iba a decirle algo, pero prefirió callarse, y volver a sus pensamientos.
La culpa fue mía lo dejé hacer, lo deje manejarme, comerme la cabeza, hace esto así, mejor de esta manera, y cuando me quise acordar él decidía todo, claro, como no iba a querer hacer lo mismo con Mariano, lo raro hubiera sido que no, en casa mandaba él, decidía él, y yo de idiota se lo permitía, peor, ni siquiera de idiota, porque bien que me daba cuenta, de cómoda.
Miró el cartel verde que le indicaba que la próxima sería la ciudad donde vivirían, donde volvería a comenzar, o tal vez solo cambiaría de escenario para repetir la misma obra.

La comida en honor a Benjamín, el hijo adorado, el bien portado, el estudioso, el perfecto, mi hermanito, con quien no dejan de compararme.
Tenés que ser más como él, por qué no sos como él, Benja no da trabajo, Benja hace la tarea sin que lo tenga que andar persiguiendo, Benja esto, Benja lo otro.
Por qué no se irán él y vos a la mierda, mamita, ojalá Beja te lleve al fin del mundo y ahí se queden ambos para siempre, soretes.
Le delía la cabeza, había dormido mal, y peor la tenia la abtinencia, quería tomar, pero su madre no la había dejado salir la noche anterior.
Te conozco, Sofia, vas a volver a las 5 de la mañana, borracha y ni te vas a levantar para recibir a tu hermano, bastante te las aguanto todos los fines de semana, porque ya estoy harta de hablarte para nada, además para que después tu padre te solape y te deje hacer lo que quiera, no me voy ni a calentar, pero mañana no, mañana vas a estar ahí, y cuidadito empieces con tus pelotudeces, porque te juro que no salís nunca más, y que al reventado ese de Lucas, lo hago meter preso, no me vas a joder la comida, Sofia, te lo digo en serio.


Encrucijadas de la vida /1)

Apenas una vez por semana solía cocinar algo elaborado, y eso solo las semanas que tenía el humor necesario y las ganas, que era muy de vez en cuando. Pero ese día Laura quería agasajar a Benjamín, su hijo, porque se había graduado, por lo que le haría su comida preferida, lasaña.  
Era uno de los pocos platos que aprendiera a cocinar, en general nunca había tenido ningún interés en la cocina, pero durante unas vacaciones de invierno cuando era chica se despertó y su madre estaba por empezar a amasar,la ayudó, y siempre había recordado como se elaboraba, además prepararla le traía reminiscencias de ese momento con ella, uno de los pocos lindos y buenos, antes que comenzara a odiarla, odio que seguía ahí, latente, y tal vez nunca se fuera. Pero no quería pensar en so, sino en su hijo, en que ya era un abogado, abogado corporativo.
Ningún boludo Benjamín, no se metió en las otras ramas que solo traen dolores de cabeza, bueno también podría haber seguido civil, pero no, mejor esto, con lo inteligente que es, y las notas que saca, ya lo veo ganando un sueldazo, y dentro de nada mudándose a Estados Unidos, porque allá si saben valorar el talento, y él lo tiene.
Benjamín, era su máximo orgullo, a veces pensaba que el único, odiaba su casa, aunque todo dentro de ella lo había elegido, pero le seguía pareciendo chata, chica, mediocre, una casa como cualquier otra, no la que pensaba tener cuando era joven. Casi nada y casi todo lo que proyectara a sus 20 lo tenia, marido, familia, casa, auto, pero no los que había soñado, y lo conseguido no le gustaba, no la satisfacía, no le generaba más que frustración y amargura.

Se despertó sintiendo el olor acre de la salsa, Jorge odiaba levantarse y sentir olor a comida, porque le impedía disfrutar del aire de la mañana, que para él con su vista, su sol, su rocío, eran las mejores horas del día.
Pero no quedaba otra, como tantas veces, tenia que resignarse, igual tampoco era tanto sacrificio, no ese por lo menos.
Suspiro, fue al baño, se lavó la cara, se afeitó, luego volvió a la habitación, se vistió, fue al comedor, vio que su mujer estaba revolviendo la salsa, paso a unos pocos centímetros de ella para llenar la pava de agua, la puso al fuego, en la hornalla más alejada de la que tenia la salsa, y salió un ratito al patio.
El sol todavía no había terminado de secar el rocío, tal vez porque estaba más nublado que despejado.
Se sentó en una de las reposeras, y se quedó viendo como un colibrí aleteaba inninterrupidamente y picoteaba con la misma celeridad uno de los malvones. 
-Se te va a hervir el gua.
Le gritó Laura, Jorge, volvió a suspirar, se levantó de la reposera y entró.


sábado, 26 de agosto de 2017

Accesible Paraíso /17)

El viaje de regreso duraría unas horas menos, entre 5 y 6, si no había ningún percance, tendrían tiempo para cenar en un restaurante en Venado Tuerto y luego seguir hasta la ciudad de cada uno de los pasajeros.
La mayoría se durmió durante la tarde, algunos miraban por la ventana aunque el paisaje era fastidiosamente monótono, kilómetros y kilómetros atravesados por sembrados de soja, maíz, girasol, lino, o vacas, alguna que otra ciudad cada tanto y de vuelta el campo, muchos se entretenían con el celular, a los pocos que les funcionaba el 3G, los 3 que tenían 4G, aprovechaban, aunque las quedaba poca carga, y las señoras mayores que no dormían, leían alguna revista de chimentos que habían comprado en la estación de servicio a la mañana.
Para la mayoría de ellos el viaje había sido uno más, pocos repararon en que conocieron por primera vez en pacifico, o Chile, para las señoras era un nuevo destino, "muy lindo", como Brasil, Uruguay, y Perú, algo que las ayudaba para distraerse de su vejez.
Para otros significaba conocer el amor ideal, para otros el fin de su matrimonio, la certeza de lo que ya no era.
Casi ninguno intercambio palabras con los otros, estuvieron callados, y durante la tarde cuando dieron 2 películas en muy mala calidad, solo se escuchaban los diálogos de las mismas, después se bajaron a cenar en Venado Tuerto, donde casi todos invadieron los tomacorrientes para enchufar sus celulares, y luego se oyeron el ruido de tenedores y cuchillos sobre los platos o el de tazas sobre platillos, de los que no habían querido cenar, casi todos hablaron pocos y se limitaron a alimentarse.
El resto del viaje casi sin excepción lo pasaron durmiendo, cuando llegaron cada uno a su destino, se des`pidieron de 2 o 3 pasajeros con los que habían tenido trato, y al resto les dedicaron un adiós y buena suerte de cortesía, probablemente nunca se volverían a ver, otros sí, sobre todo las señoras que llevaban compartiendo varios viajes a lo largo de los años por el mismo servicio de micros, pero otros no, para algunos sería su último viaje en micro, preferirían hacerlo cada tanto en avión antes de aplanarse en un micro por horas, otros no querían volver a viajar en sus vidas, otros deseaban probar con otra agencia de viajes, y algunos ni siquiera pensaban en eso, solo en lo que les esperaba al regreso, en la pausa que había significado ese viaje, y en lo que retomarían al regresar. 
Al sentir el aire fresco en la cara, en contraste con el viciado del micro, muchos se revitalizaron por unos segundos, hasta que luego tuvieron que cargar sus maletas y emprender camino al purgatorio cotidiano, alejándose del accesible paraíso.  


sábado, 12 de agosto de 2017

Paraíso Accesible /16)

La última cena que recibirían sin tener luego que refregar platos, ollas, fuentes, vasos y cubiertos, las mujeres sobre todo disfrutaban de eso, la mayoría de los hombres, por lo menos la mayoría que no eran viudos ni solteros, no se preocupaban por eso, ya que casi nunca lavaban un plato, o hacían la comida, exceptuando los domingo que se almorzaba asado. Pero las mujeres si, y miraban sus uñas, esas que luego se arruinarían, pero bueno, en ese momento querían disfrutar el presente, no lamentarse por futuras y ya conocidas penas e injusticias.
Muchas comentaban el novio más joven que ella que tenia la coordinadora, un muchacho atractivo al que le calculaban por lo menos 10 años menos, si no más, decían algunas.
Otras solo les importaba lucir todo lo comprado en Chile y tratar de no mancharlo cada vez que se llevaban la comida a la boca.
Mara no hablaba, sonreía cada tanto, pero no hacia contacto visual con nadie, sabía que si lo hacía, se pondría a gritar o llorar y se había prometido a sí misma que no, que aunque reventara, no daría un espectáculo, pero no sabía si por ella o por Francisco, seguía queriéndolo como para no humillarlo, para no devolverle todas las que él le había hecho en la intimidad, él quedaría como victima, como el mártir, como el pobre que demasiado la aguantó a esa loca, yo la hubiera dejado hace años, porque siempre se valora más que un hombre se queda a que lo haga una mujer, pensó Mara, se cree que es la obligación de la mujer estar ahí, junto al hombre, acompañarlo, quererlo, amarlo y respetarlo, a pesar de todo o por sobre todo, pero para el hombre ese sacrificio es mucho, no es natural que un hombre se sacrifique, no es su rol, es el de la mujer, la espera, el sacrificio, el sometimiento, y a mí se me critica por eso, aunque estoy siendo hipócrita, no lo hice por imposición o porque me hayan criado para eso, sino porque quise, porque creí que eso era el amor, y si Francisco me pidiera ahora que siguiéramos juntos lo haría, ojalá me lo pidiera, pero no lo va a hacer, porque no me quiere, ni siquiera me odia, me tiene lástima y sobre todo le soy indiferente.

Comió hasta casi reventar, no quería pensar, no quería regresar a su rutina, no quería saber que solo la vería a través de una pantallas, que solo la escucharía por audios, que solo la vería en vídeo llamadas no quería eso, quería tenerla ahí y si por qué no cansarse de ella, y que si tenía que morir o transformarse en otra cosa la relación, así fuera, en vez de ese falso noviazgo permanente, porque eso eran las relaciones virtuales, algo que estaba a 1 clic de terminarse, de ser bloqueado, borrado, eliminado.
Por eso quería comer, quería volver a zambullirse en la comida, en los sabores, aunque ahora no degustaba ninguno, solo metía en su boca, mal mascaba y tragaba todo lo que le habían puesto en el plato, no sabía si dulce, salado, rico o feo, Gaston tragaba.

sábado, 5 de agosto de 2017

Paraíso Accesible /15)

Como casi todas las ciudades grandes de Argentina, San Rafael era irregular, llena de contrastes, donde lo único homogéneo eran sus centenarios arboles, enormes, altos, gruesos, llenos de hojas.
Lo que la mayoría de los viajeros disfruto, fue el bidet.
Los llevaron a una fabrica de chocolate donde degustaron hasta descomponerse y compraron hasta vaciar sus ya flacos bolsillos, la mayoría tarjeteó, e incluyó más bolsas a las que ya formaban una pila al lado o dentro de los respectivos placares de sus habitaciones.
Algunos turistas se hicieron compañeros, en general gente que no eran de la misma ciudad, extraña camaradería que tenia fecha de vencimiento, y con lo que casi todos estaban cómodos, conocer nueva gente, escuchar los retazos de sus vivencias que estaban dispuestos a compartir, hacer lo mismo y luego olvidarlos, recordarlos solo para contarle alguna anécdota particularmente pintoresca o interesante a cierto familiar o amigo una vez de vuelta en la casa, y luego olvidarlos, o alguno que otro buscarlo en facebook, hacer sus "amigos" quizás alguno hasta mantendría un contacto real y se haría visitarían de vez en cuando, un domingo para compartir un asado, o un feriado para llevarles una pasta frola o una torta, o unas masas, sobre todo las señoras mayores, habidas de comunicación con otras de su edad, para olvidar un poco las escasas o interesadas visitas de sus hijos y nietos, y lograr un contacto que trascendiera el hecho de tener que abrir la billetera al final, como si se estuviera pagando un servicio.
Mara se comió todos los bombones de un caja de chocolates, y al rato los vomito todos.

Francisco se limitó a atarle una cola en el pelo, no la soportaba, no quería verla más, deseaba terminar el viaje y la vida con ella, que se ocuparan sus padres, que se ocupara ella misma, que madurara, que comprendiera, que se diera cuenta de la realidad de su realidad, de su persona, de sus problemas, que dejara de vivir a través de él.
Solo quedaba 1 día, pero el tiempo pasaba de una forma extraña, como cuando se tenía fiebre, que nunca se sabía si 10 minutos eran un hora, o varias horas diez minutos, todo era insoportable y raro, lleno de contrastes, molestias, incomodidades.
Aunque debía reconocer algo, el silencio, Mara no había hablado con él desde que pasaran la frontera, con otros si, no mucho, solo saludos o intrascendencias durante las comidas, para dar la falsa sensación de normalidad, normalidad en Mara...Bueno, qué era la normalidad, el promedio, y en eso no sabí hasta donde Mara lo era, tampoco es que fuera un ser demasiado particular, solo estaba enferma, era un pobre infeliz obsesiva compulsiva, que con un "buen" tratamiento, en unos años sería igual que las demás señoras que hacían el viaje, concentraría su libido en comprar electrodomésticos, ropa, zapatos, cosméticos en Chile, y en planificar otros viajes, a Córdoba, Calafate, Usuahía, Jujuy, Misiones, Río de Janeiro o Punta del Este.
Ojalá con eso lograra la tranquilidad, no la felicidad porque era una pretensión inútil que se tenía en la juventud, luego la gente maduraba y se resignaba a cierta conformidad y comodidad, a tratar de estar lo menos peor posible, a conocer o visitar diferentes paisajes que los aleje por unos días de su triste y monótona vida, olvidarse un poco de todo lo que no se tiene y nunca se tuvo y concentrarse en disfrutar de todo lo que el dinero puede comprar.
Y él, qué sería de él, como viviría luego de Mara, qué haría de su vida, de su soledad, ya no tendría a quien echarle la culpa de sus fracasos, no tendría quien lo atara, limitara, retuviera, sería libre, sin excusas para concretar...concretar qué, no sabía, qué sueños tenia, tantos, todos irrealizables, ideales estúpidos que ya nada tenían que ver con lo que él era ahora.
Quizás se limitara a lo que la mayoría de los hombres de su edad, teñirse, comprarse un auto, cuidarlo como si fuera un hijo, buscarse una mujer, si era posible más joven que él, y tirar los años que le quedaran, a lo mejor sin querer encontrarse con Mara en alguno de los viajes que cada uno hiciera por su cuenta, sonreírse de forma condescendiente y luego seguir con sus respectivas vidas, intentando olvidar y llenar con fotografías, paisajes, charlas banales, amistades esporádicas y servicios mediocres de hotel, el fracaso de su existencia. 
 



   

sábado, 29 de julio de 2017

Paraíso Accesible /14)

Montañas otra vez, con picos nevados, pasajeros sacando fotos que se arruinaban por culpa de los vidrios sucios del colectivo, otro viaje largo, pero no tanto, 5 horas, una tortura soportable para los respectivos culos, sin que quedaran totalmente aplanados.
Algunas de las señoras mayores se echaban en las manos, cara o cuello, algunos de los perfumes o cremas comprados en Chile, todo más barato repetían, otras presumían sus pañuelos, blusas, algunas sus celulares, otras sus anteojos de sol, todas tenían algo nuevo, algo extranjero, algo atípico y querían aprovechar cada momento.
A algunos les deprimió entrar en Mendoza, y comprobar la suciedad, las bolsas de polietileno y las botellas de plástico, que el viento juntaba alrededor de las montañas, manchaban el paisaje, otros preferían no verlo, y se alegraban de volver a escuchar el acento argentino y d estar en su país.
El hotel donde pararon, eran tan barato y mediocre como el que dejaran pocas horas atrás en Viña del Mar, las 2 únicas diferencias eran que este tenia mejor baño, pero peores televisores.

Gastón se tiró sobre la cama, ya nada le interesaba, no había hecho el viaje para conocer paisajes, sacar fotos o hacer compras, sino para encontrarse con alguien, que probablemente no volvería a ver, alguien que lo había hecho sentir único, carroza, en lugar de calabaza, pro como todo hechizo, es breve, se acaba y todo vuelve a su realidad.
Debería alegrarme, por lo menos conocí el amor o lo que sea, bueno, para mí es amor, cuantos como yo no conocen nada, viven frustrados por no saber, se refugian en 1000 mierdas, yo por lo menos tengo algo real a lo que aferrarme.
Algo real, pensó en eso, a pesar de las fotos y el vídeo cortito que habían grabado los 2 charlando, sabía que los recuerdos se volverían falsos, que empezarían a mezclarse con sus fantasías, que le agregaría cosas, borrando otras verdaderas, que nada vale como en el momento que se están viviendo, pero no importaba, había pasado, por más que su mente empezara con engaños, con mentiras e idealizaciones, el encuentro había sucedido.


sábado, 22 de julio de 2017

Paraíso Accesible /13)

Vio como Francisco entre suspiros hacia las valijas, le hubiera dicho que dejara, que las podía hacer ella, pero sabía que él se enojaría, que le diría que no, que mejor ni hablara, que lo dejara tranquilo, que se quedará ahí sentada, quieta, como una nena, que mirara la televisión, que si quería revisara los cajones de las mesas de luz, a ver si no se había olvidado de guardar alguna crema, pastilla u otra cosa, por eso para ahorrarse esos reproches, se quedó callada, cumplía las expectativas de él, pero no como otras veces, para que este se sintiera en deuda con ella, en esa relación extorsiona que habían mantenido durante años, donde un día se portaba bien, y él la hacia sentirse querida, amada, la más hermosa de las mujeres, y luego todo volvía a ser igual.
Y si no me mató, ni lo mató, y si me divorció, qué haré, ser de esas mujeres que viven recordando a sus ex, criticando a su actual pareja, viendo como la gente me mira con lástima o con sorna, pensando en lo patética que soy, en lo infeliz, en lo frustrada, que soy incapaz de superar una separación, como si no pasara casi todo el mundo por una, que no sabían como Francisco me había aguantado tantos años, pobre hombre, semejante loca insoportable,demasiado la aguantó.
Pero tal vez no, tal vez me vuelva de esas mujeres que cambian de tipo como de calzones, que va a los bailes con ropa ajustada, toma, se ríe fuerte, habla de tamaños de vergas, etc.
No sé qué hago juzgando eso, yo no soy más digna, solo soy una infeliz que ni sabe lo que siente, porque ahora no lo sé.
Francisco no quiere seguir conmigo, no va a seguir conmigo, nos vamos a separar, me guste o no es así.
Sentía un extraño alivio, un alivio doloroso, como el que se siente después de vomitar, vacío, en ese instante no había nada, ese amor, obsesión, mezcla de dolor, alegría, frustración, deseo, y demás, que le generaba Francisco, ya no estaba, no había nada.

sábado, 15 de julio de 2017

Paraíso Accesibe /12)

-¿Nos vamos a ver alguna otra vez?
-Jajaja, qué frase, suena no sé a telenovela o a canción romántica, no sé, cachai, por ahí voy para allá, pero disfruta el momento, no podes hacer eso, disfrutar sin pensar por 1 minuto aunque sea.
-No, no, puedo, te quiero.
-Sos muy intenso.
-Mira qué novedad.
-Relájate, no sirve de nada que estemos planeando un futuro encuentro, vamos a aprovechar este.
-No sé, nos quedan qué, como mucho media hora.
-Y bueno, media hora, vamos a hacer algo que nunca hemos hecho, decirnos que es lo que menos os gusta del otro.
-Ah, hermoso.
-Y después lo que más nos gusta, empeza vos.
-Mmm no me gusta que seas tan diferente  mí en un montón de cosas, tan relajada, ya sabes que yo soy como los hámster en la ruedita.
Me gusta tu espontaneidad.
-Me gusta que seas un loquito del control.
No me gusta que seas un loquito del control, jajaja
Es tu mayor cualidad y tu mayor defecto.

Se sentó en una plaza, y le llamó la atención ver que ninguno de los jóvenes contemplaba el paisaje, o percibía más que involuntariamente la brisa, todo por estar con los ojos y los dedos encima del celular.
Es increíble como en 60 años desde que yo tenia la edad de ellos, el ser humano no ha combatido el hambre, las guerras, el cáncer, pero si el aburrimiento, aunque la forma de hacerlo fuera a través de automatizar, alienear y mecanizar a los seres humanos, todos hacen lo mismo, buscan lo mismo, disfrutan de lo mismo, son corderos.
Nadie lee más que comentarios y ahora ni siquiera eso, se la pasan enviándose emojis.
Juan desvió la vista hacia un árbol, un roble, recordó cuando se sentaba con Beatriz apoyando ambos su espalda contra el tronco, comentando alguna película o novela, mientras se miraban, se hacían alguna caricia inocente, él le corría un mechón de pelo o se lo enredaba en su indice, y ella le pasaba la mano por el suyo lleno de gel.
Cada día era más nostálgico, su realidad actual se le hacía tan gris, insulsa y escasa como su pelo, y cada cosa que veía más lo confirmaba en sus ideas, ya no quería seguir, no quería viajar, ni conocer, porque cada nueva cosa lo desalentaba, igual ahí estaba Beatriz, ella si seguía teniendo una gran vitalidad, más admirable ahora que la que tenia a los 20, porque quien no la tiene a esa edad, la cosa era conservarla a los 80.
Y ella la tenía, ella era su fuerza, y ella lo quería, si no como iba a seguir aguantándolo, sabía que se había vuelto gruñón, pesado, insoportable con los años, y que lo poco bueno que conservaba, era por ella, por su amor, dedicación, comprensión.
-¿Vamos a sentarnos contra ese roble?
-¿Nos podremos levantar, después?
-¿Qué importa?
-Estás como los chicos que tanto criticas.
-Bah, quiero recordar, nos queda otra cosa a esta altura.
-Si, un montón de cosas, yo no vivo en el pasado, Juan.
-Yo si, y quiero que por un ratito vos también.
-Está bien, qué duro que está esto Juan, dejate de joder, las raíces me van a destrozar.
-Aguanta un ratito.
-Ay ya basta, que después voy a terminar acalambrada por un capricho tuyo, terminala Juan, ya paso, fue muy lindo, peor no lo podemos repetir, de verdad cuando te pones así, me cansas, vamos, párate. 

sábado, 8 de julio de 2017

Paraíso Accesible /11)

Ya los hombres no la miraban, bueno, algunos si, pero no los jóvenes en general, sabía o había ido asumiendo que ya no era joven, que al pasar los 40 tenía que entrar en la madurez, y que después de eso solo le quedaba la vejez, lo odiaba, odiaba ese imposible retorno a la juventud, y esa irremediable cercanía a la vejez, no le quedaba otro consuelo que haber disfrutado de esos años ya pasados.
¿Los he disfrutado? no sé, bueno en parte si, no tuve que criar hijos, la mejor decisión que pude tomar fue esa, nada de 9 meses con algo dentro, nada de estrías, de hinchazones, de kilos de más, de tetas caídas, de desvelarme, de pañales meados, cagados, de talco, remedios, vacunas, y bueno todo lo demás, un hijo te caga la vida, esa presión social imbécil de que si no tenés un hijo no sos nada, qué estupidez, pero bueno no sé qué me quejo si yo no la hice, al contrario lo que tengo es que felicitarme, pero disfrute mis buenos años, mis 20, mis 30, más o menos, como lo podía disfrutar siendo Sara Ramirez, una martillera, pero si vamos a decir que fui feliz, más que todo por la comparación, no sé qué me quejó, si esto bien, viaje, conocí, tuve varios hombres, me enamore, por qué siento que me digo todas estas cosas para convencerme, como si me estuviera mintiendo en la cara, qué carajo me frustra, me amarga, me molesta, la soledad, en el fondo casi siempre estamos solos, y esos matrimonios como el señor ese Juan y su esposa que están juntos hace 50 años, no es algo para mí, nunca me aguante con nadie por más de 3.
Voy a ser una vieja quisquillosa, o peor, una vieja pintarrajeada, que hasta gasta lo poco que tiene en botox para verse más joven, para tratar de aparentar menos como sea, a pesar de que la cara se le vuelva un plástico inmundo, no, tengo que aprender a vivir con los años, como aprendí a vivir sola, aprendí a vivir sin hijos, aprender, o resignarse, a veces parece que fuera lo mismo.
Ahora soy una tía, la tía Sara, la ladera de esta pendeja boluda, que igual no es tan diferente a como era yo a su edad, nada más que con un celular que no suelta ni para cagar.
Y ahora quiero ver si todavía consigo conquistar algo.
El sexo, siempre la había ayudado a liberarse, el contacto con otra persona, el sentirse deseada, tocada, besada, lamida, le generaba una satisfacción y una paz consigo misma que no conseguía de otra manera. 
Pero eso no me va a durar, dentro de un tiempo tendré que canalizar mis deseos, tendré que buscar otra forma de satisfacción, jugare al bingo o aprenderé idiomas.
Se río, y luego se miró al espejo, el dinero que gastaba en cremas, era una buena inversión, las patas de gallo todavía no aparecían, ni las bolsitas en la parte inferior de los parpados, ni el arco alrededor de la nariz, se conservaba, y por ahora no tenia que preocuparse, debía hacer como todos, vivir el presente, que era lo único que había, nadie pensaba en el mañana, y era lo mejor, ya que era la única forma de seguir viviendo. 

sábado, 1 de julio de 2017

Paraíso Accesible /10)

No sabía cuanta gente había conocido a lo largo de los años, y si bien había empezado por hacerle un favor a su padre, para que no tuviera que pagarle prestaciones a un guía profesional, con el tiempo le tomó el gusto a eso de los viajes y conocer pasajeros, pero todo se había tornado mecánico, incluso la gente, en el fondo todos entraban en alguna categoría, con tragedias, tristezas, o alegrías parecidas, otros con vidas tan insulsas que nada bueno o malo digno de comentar, les había sucedido, con motivos para hacer el viaje similares, además a muchos no les interesaba hablar con ella, más que para preguntarles alguna cosa con respecto a la hora de salida, o alguna dirección, por eso se había ido volviendo una especie de maestra de primaría, una coraza, esa gente estaba bajo su conducción, eran como ovejas, cuando salían, era como si pastaran, ya estaba cansada de escucharlos, de verlos, de olerlos, pero tenia 45 años, no había seguido ninguna carrera, salvó un curso en computación y otro en ingles, pero tampoco se veía dentro de una oficina, le gustaba viajar, y un poco mandar, esa gente tenía que hacer lo que ella les dijera, aunque no les gustará, tenía control sobre ellos, era una especie de jefa en el micro, y todos debían obedecerla, pero hasta eso ya no lo disfrutaba tanto, qué satisfacción le podía generar controlar a gente anciana en su mayoría, o a otros fastidiados que solo viajaban en ese medio de transporte, porque no las alcanzaba para pagarse un vuelo.
Eso era lo que hacía y si bien ahora hacía un viaje cada mes y medio, tenia empelados que se ocupaban del resto, el negocio iba mal, cada vez menos gente elegía viajar en micro y prefería el avión, tendrían que cerrar en 1 año o 2, y qué haría entonces, no sabía, ella que siempre planificaba todo durante el viaje con lujo de detalles, que siempre era la primera en llegar a cada destino, a cada restaurante a cada comedor de hotel, no sabía qué haría luego, no sabía a qué se dedicaría por los próximos años, que eran muchos los que le faltaban para jubilarse, pero que no era una jovencita para empezar de nuevo, ni siquiera una persona joven, era ya alguien de edad media, o por llegar a ella, la mayoría de la gente de su edad o tenía un trabajo fijo desde hacía mínimo 10 o 15 años, o tenía una profesión que les permitía vivir por sus propios medio o vivía de planes sociales, por la parva de hijos que habían tenido.
Leonela no entraba en ninguna de esas categoría, y no sabía qué hacer consigo misma.
Tal vez debería abrirme un asilo, experiencia con viejos tengo. 

Paraíso Accesible /9)

No le costó mucho, a Francisco, evitar la puntada, vio que Mara se acercaba y creía que le iba a pegar o a abrazarlo, ya estaba mentalmente preparado para esquivarla, cuando noto que ésta levaba su brazo y que tenía una tijera abierta sobre la mano, le tomó el antebrazo y se lo apretó con la suficiente fuerza como para que soltara la tijera.
Suspiró, y cuando ella empezó a gimotear, y a decir que se quería morir, la llevo hasta el baño, ella dócil como una niña se dejó hacer, la sentó sobre el pequeño cubículo donde se duchaban y abrió la ducha, el agua fría comenzó a caer, en el hotel ninguno de los 2 baños que se había dado hasta entonces, el agua había estado casi helada, aunque esa deficiencia le pareció como caída del cielo en las actuales circunstancias, lo que necesitaba Mara era despabilar.
Aunque mejor le vendría una ducha mental, o congelarla por 3 o 4 décadas, hasta que yo esté bajo tierra, así agarra a otro infeliz a quien hincharle las pelotas y cagarle la vida.
Ella se quedó en posición fetal, seguía llorando.
Francisco fue hasta la habitación, rebuscó en la valija la tableta de valiums, siemrpe llevaba una por si a Mara le agarraban uno de sus arranques, tendría que inventar que estaba descompuesta, no podría ir a una de las excursiones, o si...
Por qué mierda tengo que quedarme con esta loca de mierda, mah si, yo le meto la pastilla entera, se va a dormir por lo menos 12 horas y no va a joder a nadie, ni a intentar nada, cuando pregunten por ella, les digo que tenía dolor de cabeza o cualquier boludez, total, quien la va a extrañar.
Matió la tableta de pastillas en el bolsillo trasero de su jean, buscó la botella de agua mineral que tenía sobre la mesa de luz, luego tomó una de las toallas dobladas que había sobre el borde inferior de la cama, entró de vuelta al baño, cerro la canilla de la ducha, Mara estaba temblando, y en su cara el agua se mezclaba con mocos y lagrimas.
Francisco la rodeó y le puso la toalla sobre la espalda, le secó los brazos, y luego se la ajustó por encima de sus pechos, antes de sacarla del baño, buscó papel higiénico y le limpió la ara de las lagrimas y mucosidad, la llevó agarrandole los hombros hasta la cama, la sentó en el medio de la misma, y luego le acercó un valium, que está miro sin ver, y luego trago, tomó un poco de agua que le acercó Francisco y se quedó ahí, sentada, este buscó en los cajones la ropa interior de Mara, odiaba que ella siempre deshiciera las valijas, aunque solo fueran a pasar días en Chile, luego agarró la primer bombacha que encontró, y se la colocó, después buscó el camisón, que siempre ponía debajo de la almohada, se lo puso también, y la acostó.
Una parte de él, una vez que se cambió, peinó, sacó la llave y salió, deseó que se despertara y se matara, que esa fuera la última vez que la veía y oía, pro sabía que no, y que si lo hacía no podría vivir con la culpa, aunque tampoco podía seguir viviendo así, no podía reprocharle que lo quisiera matar, ya que él aunque por diferentes razones, quería hacer lo mismo con ella. 

sábado, 17 de junio de 2017

Paraíso Accesible /8)

Otras veces le había dicho cosas parecidas, pero solapadas, y de una forma poco convincente, esta no, esta era la definitiva, lo sentía, no solo en su tono, sino en la imagen que en su mirada, en su actitud corporal, y sobre todo en la imagen que Francisco le devolvía, y lo sentía en su propio cuerpo, era el fin, la dejaría, se separarían, dejaría de dormir con él, de sentir su olor, de escuchar su voz, de tener su presencia a su lado, ya no podría ser su ladera, su sombra, su extensión, quería cortarla, dejarla, extirparla, quitársela de encima. Quiere matarme, hijo de puta, querés matarme, lo pensó, pero se reprimió con todas sus fuerzas de decirlo, no quería que él le dijera una mentira para calmarla, o un reproche para hacerla sentir culpable, quería mantener su furia, su bronca, su odio, y su decisión, la que acababa de tomar, si todo estaba terminado, entonces que así fuera, pero con ambos, querés que me muera, está bien, pero te vas conmigo, te moría acá, junto a mí, esto se terminó, pero todo, hasta la muerte, punto, ya está, ya está. 
Se acercó a su cartera, fingiendo que buscaba un pañuelo de papel, y removió en su interior, sus dedos nerviosos toquetearon el labial, el delineador, una cadenita rota, un par de tickets, el cargador del celular, y por fin la tijera, siempre llevaba una para cortarse las puntas del pelo o para cortar los hilos, nunca usaba los dientes, ya que su madre la cacheteaba cada vez que lo hacia, usa la tijera le había repetido innumerables veces, y ahora esa frase se le antojó la indicada, la profética, la necesaria, usa la tijera, si una buena puntada en la yugular y Francisco moriría, no tenia que voltear a verlo después, solo la puntada, y luego dirigirla hacia su propio cuello y dibujarse una sonrisa, o mejor delinearla, porque ya estaba ahí, era la sonrisa de la felicidad, del reencuentro, porque aunque no hubiera cielo, ni infierno, si tenia que haber algo, aunque sea un momento después de morir, las almas antes de diluirse saldrían de los cuerpos sin vida y se unirían, una a la otra, si, eso tenia que hacer.
Abrió la tijera, se acercó a Francisco que estaba a pocos metros fumando sobre la ventana y expulsando el humo hacia el exterior, Mara, levantó el brazo derecho...





sábado, 10 de junio de 2017

Paraíso Accesible /7)

Fue el único que se metió en el mar, no hacia frío, apenas estaba fresco, pero nadie tenia intenciones de entrar al agua, que una vez dentro comprobó que estaba muy fría, ya le había dicho que el pacifico era todavía más frío que el atlántico, pero Fernando quería sentirlo sobre su cuerpo, estuvo unos minutos y salió, no sabía que tenía el mar que le provocaba sentimientos encontrados, por un lado le fascinaba su inmensidad, su poder, su vigor, y por el otro odiaba su olor, su sabor salobre, pero siempre que podía iba a una playa, aunque fuera una de esas insulsas, frías y sucias playas de su país, las cuales en general odiaba, sobre todo las más populares como Mar del Plata.
Al salir del mar, colocó una toalla sobre sus hombros y se sentó a ver las olas, las pocas que había, no le llamaban pacifico por nada, realmente el mar era calmo.
Le habría gustado ser escritor o pintor, para poder retratar la belleza y la admiración que le provocaba ese paisaje, pero los intentos que había hecho en la adolescencia y juventud, solo lo habían frustrado y amargado, no era artista, nunca lo sería, no tenia el talento, el temple o la dedicación para ello, se tendría que conformar siendo solo un admirador, ni siquiera llegaba a ser como esos mediocres que vendían sus malos dibujos o pinturas en el malecón.

Ese mundo que los rodeaba, cada día era menos el suyo, le costaba creer como ahora todos estaban pendientes de sus aparatos "inteligentes", como se pasaban el día wasapeando, o mandando audio de voz, sacandose autoretrados que llamaban selfies, o posteando intrascendencias, y era un fenómeno viral, otra palabra de moda en los últimos años, todo era la tecnología, el celular se había ido apoderando cada vez más de las personas, se había convertido en un objeto imprescindible, era como si nadie pudiera vivir sin tener uno, algo así como llevar calzado.
Juan se sentía un extraño, un fuera de lugar, lo que ahora se denominaba un outsider.
Tal vez debía convertirse en un viejo gruñón, que despotricaba contra todos los adelantos y anhelaba otros tiempos, diciendo que todo pasado fue mejor, siempre se había burlado de esa gente, era un hombre que creía realmente en el progreso, pero ahora dudaba si ese progreso era real, o solo una quimera, que lo que alguna vez había servido, solo se había transformado en simple mercadotecnia, no veia la utilidad de las selfies, ni del wasap, ni de las diferentes app.
Tal vez era algo natural, la vejez lo aislaba, y debía aceptarlo, y recluirse en un rincón, su pequeño rincón en el mundo y pasar ahí sus últimos años, junto a Olga, aunque ella si aceptaba y entendía todos los artilugios modernos, y eso más que la rutina, y todos los desgaste que esta traía, los estaba alejando. 

sábado, 3 de junio de 2017

Paraíso Accesible /6)

Estar así, abrazados, uno junto al otro, mirándose, acostados, con las sabanas húmedas del sudor de ambos.
A Martín le costaba creer que todo se hubiera dado tal cuál había deseado o más bien fantaseado, nunca se permitió pensar que eso podría suceder, que Natalia querría y que encima sería como fue, lindo, natural, placentero, sin incomodidades, sin decepciones, sin torpezas, todo orgánico, como en un bello sueño, necesitaba tocarla, aunque casi todo su cuerpo rosaba el de Natalia, para sentir que eso era real, que estaba ahí con ella, que habían hecho el amor, la primera vez que podía usar esa expresión para describirlo, las veces anteriores (2) que había estado íntimamente con mujeres, solo se podía denominar sexo, un sexo vacío, o casi como si fuera un favor, estar con el gordito simpático, a ver si el gordito vale la pena, tal vez se esfuerza, porque con esa cara y ese cuerpo, no va a hacer de los que solo te mete la pija adentro, por ahí me la chupa, sabía que eso habían pensado, se lo había visto en sus ojos, había una sutil burla en esas mujeres, y él las había entendido, creía merecer eso, y casi que necesitaba agradecerles luego que le hubiera hecho el favor de estar con él, como quien realiza una tarea incomoda y sacrificada, pero necesaria.
Pero esta vez era diferente, esta vez había habido amor, química, esta vez era real.
No quería decir nada, para no sonar estúpido, ni cursi, no quería arruinar el momento, y creía que sus cuerpos hablaban por ellos, estar así, lo decía todo, para qué llenar ese hermosos silencio con palabras banales, melosas, tontas, mejor que decir era sentir, y él estaba sintiendo lo que nunca antes, y tal vez lo que nunca después, pero no quería pensar en eso tampoco, solo vivir el momento, atesorarlo, guardarlo.


sábado, 27 de mayo de 2017

Paraíso Accesible /5)

-Hola.
-Hola, un gusto.
Le dijo Natalia, y luego le dio un beso en la mejilla derecha, el cuál Martín correspondió con otro en la suya.
-El gusto es mío, lindo Chile, muy limpio.
-Gracias, pues si, la verdad que la gente ha aprendido a cuidar el poco territorio que tenemos, porque si lo empezamos a llenar de basura, luego nos vamos a tener que subir a la montaña para que no nos tape, cachái.
-Claro, che, ese cachái lo escucho todo el tiempo.
Ah si, acá acostumbrarte, porque cada 2 palabras sale, cachái.
Ambos se sonrieron.
Le gustaba, se sentía cómodo a a su lado, como cada vez que hablaban vía online, incluso ahora al tenerla físicamente a su lado, quería besarla, se sentía atraído por ella.
Ni loco le digo nada, sería ser hijo de puta, ella es de acá, y yo de allá, punto, al pedo pensar en algo más.
-¿Qué es lo que más te gusta de Santiago?
-La contaminación, obvio, jaja qué preguntas haces, Martín, qué te pasa, no estás hablando con un guía, pero si quieres te lo hago de favor, cuéntame de vos, webón.
-No tengo qué contarte, si ya hablamos ayer, che, te digo lo de la ciduad, así vanos a ver.
-Ah bueno, pero ya tengo un plan trazado, como buena chilena, beh,. bien creída, ya parezco argentina en eso, jajaja
-No seas boluda.
-No lo seas vos, webón, soy Natalia, háblame como si me conocieras, jajaja
-Che, dame chance, estoy nervioso.
-Ay no seas webón, si nomás me falta verte en pelotas, ya somos como de la familia.
-La verdad...
-A vos te pasa algo, estás raro, medio callado, cuando tengo que andarte pidiendo que me dejes decir algo, hoy estás como mudo.
¿La montaña te interrumpe la conexión qué?
-Si te lo digo, te vas a enojar.
-Ay no seas webón, Martín, que soy más fea en persona, que te decepcione, que te aburrí, soltalo con confianza.
-Que te quiero.

Olga comenzó a cepillarse el pelo, le gustaba el color caramelo que había conseguido su peluquera, y también el olor de la crema para el cutis que acababa de comprar, mucho más barata que en Argentina.
Le gustaba que a los casi 80, su rostro todavía no se veía como un mapa.
Luego se echó el colirio, para mantener vivos sus ojos, y sobre todo para hidratar y luego colocarse las lentes de contacto, nunca había usado ni usaría anteojos, solo gafas de sol.
Buscó la otra crea que se había comprado, esta para sus manos, mientras observaba como su marido hacia la cuenta con los billetes chilenos y se reía de lo pequeños que eran estos, le costaba creerse que eso fuera plata.
Su marido, todavía se mantenía bien el hombre, conservaba el pelo, no había aumentado de peso, y sobre todo y más importante, mantenía la lucidez.
Igual eran ancianos, aunque ella prefería no pensar en ellos, ya los achaques estaban ahí, se presentaban cada tanto, o peor, regularmente, pero bueno, eran arboles viejos, pero todavía en pie, no estaban del todo secos, les salían algunas hojas todavía, y mientras hubiera brotes, había vida.



Paraíso Accesible /4)

Ya la había visto, oído, charlado con ella innumerables veces por skype y luego por videollamada en WS, pero Martín se sentía raro, conocer a Natalia, lo hacia sentirse cohibido.
Lo único diferente es que la tendré frente a mí en carne y hueso, pero en lo demás, será la misma, ya ambos sabemos como somos, lo que nos gusta, lo que no, igual no va a pasar nada, solo somos amigos, y es lo único que podremos ser, vivimos lejos y así va a seguir, pero qué sé yo, va a estar lindo verla, espero.
Acercó a su nariz, el perfume que había comprado un rato antes, era suave, pensó en lo que sentiría ella al olerlo, y también asoció esa imagen con la de la propaganda del perfume que había visto en la televisión, eran 2 modelos, ambos una chica y un chico muy atractivos, cosa que ni Natalia, ni él eran, casi lo opuesto a ellos, representar la misma imagen, era casi una parodia grosera, una comparación patética.
Se sentó y dejó el perfume sobre la mesa de luz, siempre se sentía así consigo mismo, odiaba su fealdad, la repelía, aunque Natalia le había ayudado a aceptarse, no es que le hubiera dicho otra cosa diferente a lo que su mama y alguna que otra vez su papa, o que no se dijera a sí mismo, las frases hechas y los lugares comunes de que la belleza estética es algo superficial, que lo que importa es lo de adentro, ser buena persona, ser lindo en el interior, etc, pero eso no lo consolaba de lo que le devolvía el espejo, aunque desde que conociera a Natalia, se sentía más tranquilo y seguro, tenía quien lo acompañaba en esa carga, y más que en ella si sentía que esa seguridad no era impostada, o eso quería creer, sabía que en las mujeres era algo todavía más demandante que en los hombres, el ser bella, flaca, elegante.
Por lo que ahora que se iban a ver, tal vez el tenerse ahí cara a cara, les haría verse tal cuál era y no les gustara, quizás su amistad desde ese momento se enfriaría, empezarían a darse excusas para no escribirse, hasta que con el tiempo perdieran definitivamente el contacto.
Suspiró, trato de despejar esas ideas, y se echó unas gotitas de perfume sobre ambas palmas.

Sara miro a su sobrina mientras copiaba la clave de wi fi del hotel, haber estado las 3 horas desde que habían entrado a Chile, hasta llegar a Viña del Mar, desconectada, la habían hecho meterse a un juego online que tenia una musiquita insoportable, por la que Sara le arrebato el celular, se lo muteó y luego se lo devolvió, ambas se habían mirado con odio, pero no dicho nada, se necesitaban, siempre las había unido esa necesidad, aunque también un desprecio mutuo que les costaba esconder.
Sara se impacientaba, ya quería subir a dejar el equipaje, y no quería que luego Lorena anduviera dando vueltas por el hotel sin saber donde quedaba su habitación, además ya la nmucama la empezaba a mirar con impaciencia. 
-Apúrate Lorena, hay que subir, querida, o te crees que la chica está acá solo para nosotras.
Lorena la miró, dejó el celular, y se acerco, tomó su valija y las siguió.
-¿Contenta?
-No sabes como.





sábado, 13 de mayo de 2017

Paraíso Accesible /3)

Pobre chica, la mucama, tener que elogiar la pieza de este hotel de mierda, que darle 3 estrellas es demasiado, con media se tendría que conformar, las paredes son de papel, escucho hasta la respiración del de la habitación de al lado, pero bueno, cuando no hay mucha plata, hay que conformarse con lo que se puede, y esto es lo que se puede.
Hernan se sentó sobre la cama, el colchón era duro, la colcha áspera, se quedó viendo el televisor.
Por lo menos el televisor es de los actuales, cierto que acá los electrodomésticos son más baratos, después de todo  eso vino la mayoría, a ver si pueden comprarse un celular, una laptop o alguna mierda de esas, a las viejas no les van a alcanzar las manos para sostener las manijas de tantas bolsas.
Fernando pensó en ir a la playa, quería meterse en le pacifico, pero el sueño lo podía, por lo que se descalzó, corrió para atrás la colcha, y se metió en la cama, al minuto de haber apoyado la cabeza sobre la almohada, se durmió.

Usaba remeras de manga media, que le llegaran a cubrir hasta el codo, para que no se vieran los moretones que le dejaba en el brazo su marido, cada vez que la agarraba y la llevaba de un lado al otro, esa era el "único" hecho de violencia física que ejercía sobre ella, la violencia psicológica era la permanente, la que salía de su boca a cada momento, incluso a veces ni siquiera necesitaba palabras para expresarla, un suspiro, una interjección, mirada.
Mara era consciente de eso, pero también de que no quería ni siquiera imaginarse su vida sin él, no le importaba saberse rechazada, limitada, degradad por él, hasta a aveces sentía que le gustaba y se cuestionaba el que pudiera ser masoquista, ya que lo que más le dolía de Jorge, no eran sus reproches, sus insultos, sus burlas, sino las veces que este era indiferente, cuando prefería charla con alguien, quien fuera, y le pedía a ella que se adelantara o que no fuera a donde él estaba a molestarlo, que se quedara por ahí, como una mascota, se desesperaba, tenia que pellizcarse la palma de la mano, hasta sentir el máximo dolor posible para tranquilizarse, e igual no lo lograba del todo, se agitaba, transpiraba, y le daban ganas de largarse a llorar o gritar, pero se contenía solo porque sabía cuál sería la reacción de él, primero los insultos, después las burlas y por último y más prolongado y doloroso, la indiferencia, no le hablaría por un día, no le contestaría absolutamente nada, dejaría de existir para él, por eso se aguantaba, prefería la indiferencia de medía hora, a la de 24.
El viaje lo había decidido él, Mara odiaba irse de vacaciones, porque Jorge se distraía con cualquier cosa, y le encantaba hablar con los demás pasajeros, no soportaba la atención que les ponía a estos, como los escuchaba, miraba, intercambiaba opiniones, a todos les caía bien Jorge, era carismático, conquistador, y ella bien lo sabía, así se había enamorado de él, por sentir que era lo más importante para él, y cada vez que lo veía y escuchaba ser así con otras personas, la angustia la invadía, porque la hacia sentir una más, no era la única a la que Jorge le hablaba, él era así, él hablaba así con todo el mundo, no solo con ella, entonces no la amaba, entonces no estaba con ella por amor, eso lo sabía, pero se lo negaba a sí misma, no podía encarar esa realidad, por eso disfrutaba de sus humillaciones, porque si él la despreciaba, entonces seguía provocándole algo, tal vez era su forma de querer, tal vez esa imagen que proyectaba hacia los demás de hombre encantador solo era una mascara y a los que él de verdad quería, como ella, si les mostraba la verdadera, la del hombre burlón, irritante, cínico, despreciativo. 
Ese pensamiento la tranquilizaba a veces, y la hacia aguantar con cierta resignación los momentos (cada vez más frecuentes) en que él la ignoraba. 

sábado, 6 de mayo de 2017

Paraíso Accesible /2)

4 horas y los hijos de puta no son capaces de bajarnos en una estación de servicio, según la ley hay que bajar cada 2 horas, encima no se puede cagar en el puto micro, y ni siquiera es realmente barato el viaje, nunca más en micro a larga distancia, nunca más.
Marcelo mantenía las piernas cruzadas aguantando el pis, según le había dicho la coordinadora, dentro de 5 minutos llegarían a una estación de servicio, minutos que para él no pasaban, y empezaba a sentirse mareado.
Debería pararme, desabrocharme el pantalón y mearle todo el micro, o mejor los zapatos esos que lleva y que se debe haber comprado con toda la que nos saca, hija de puta.
al llegar, fue el primero en salir del micro, lo hizo tan rápido que casi se tropieza al calcular mal los metros que separaban el escalón del micro, del suelo.

El viaje continuó 5 minutos después, luego llegaron a la aduana, firmas, sellos, seguir el dedo indice de diferentes personas que les indicaban diferentes pasillos, y de fondo la cordillera, enorme, imponente, todos desviaron aunque sea un segundo la vista hacia ella, a pesar del sueño, las contracturas, el mal humor, por un segundo todos los que la veían por primera vez, quedaron impactados.
Igual con la ruta a seguir para entrar a Chile, lleno de montañas y caminos sinuosos, muchos se apunaron y empezaron a masticar chicle, otros sacaban una foto tras otra con sus celulares, algunos filmaban, y unos pocos comentaban entre ellos lo que veían.

Luego de las cordillera pasaron por las viñas, pero las montañas seguían, en Chile nunca se acababan, montañas y cipreses, y casas de madera tipo cabañas, todos veían y disfrutaban el paisaje, y el silencio de parte de la coordinadora, que durante las primeras horas del viaje no había dejado de hablar con su voz chirriante, haciendo chistes estúpidos y soltando frases hechas optimistas.


sábado, 29 de abril de 2017

Paraíso Accesible /1)

Las valijas se habían acumulado en en el centro de la estación de colectivos, como era en un pueblo y ese día faltaba todavía 1 hora para que saliera el próximo micro, no había problemas con que se interpusieran en el camino de otros pasajeros, sería un viaje largo, 23 horas, y para la gente que venia de otras ciudades ya representaría más, viajar en colectivo a larga distancia, casi ninguno pensaba en eso, ya que si no no lo habrían hecho, sino en el destino, era la forma más accesible de hacerlo, la única para muchos de ellos, que además su mayor motivo para viajar no era conocer, sino comprarse celulares o ropa.
El micro que llevaba grandes letras con la marca de la empresa: Paraíso accesible llegó con 15 minutos de retraso, la coordinadora empezó a gritar los apellidos de cada pasajero y a asignarles el número de su asiento, los nombraba en pareja.

Qué asiento más incomodo (Sara, se removía, mientras buscaba donde poner la cartera, como no encontró lugar, la apoyo sobre sus piernas)la puta madre, en esta mierda voy a tener que pasar ni sé cuantas horas, en este país viajar en avión es un lujo, bueno todo es un lujo, hasta un viaje en micro, y la sacamos barata si llegamos a Chile sin tener un accidente, porque con estas porquerías nunca se sabe, encima hay que pasar la cordillera, pero bueno es lo que hay, a ver si me puedo comprar unas buenas blusas que las que tengo son un asco y encima carísimas, espero que sea como dicen eso de que los precios estén más accesibles.

Che, no sé cuanto más me va a andar el wap, así que si no te contesto, es por eso.
Ok, no te preocupes.
Che, qué tal el micro?
Y boluda, es un micro, como todos, no sé, medio incomodo, mi tía se anda removiendo y suspirando, yo casi estoy por hacer lo mismo, pero bueno es lo que hay.
Jaja, che Fer, con Pato no hablaste? se anda quejando en el grupo que te vas a coger a Chile, que querés encontrarte un macho allá.
No, que se vaya a la mierda el pelotudo ese, ojalá me encontrara un macho...
Ay Lore, el 3G se me va a la mierda, te dejo amiga. 

-No hay como viajar en el auto de uno, a la hora que uno quiere.
-Juan ya tenés casi 80 y querés hacer un viaje a larga distancia, ya no estamos para eso.
-Uno está para lo que quiere, mientras de el cuerpo.
Y te parece que da, ya no somos chicos, ni siquiera adultos, somos viejos.
-Vos serás vieja, yo me siento bien.
-Ajá, y todo el pastillero que llevamos, la mitad son tuyas, eh.
-Los médicos nos dan porquerías, no necesitamos nada.
-Deja de ser tan terco, Juan, que sin esas pastillas ya estaríamos bajo tierra.
-Para vivir así.
-Sh, no te quejes, que hemos tenido una buena vejez, mucho mejor que las de varios.
-Voy a leer un rato.
-Siempre el mismo, para no dar el brazo a torcer, terminas la charla o cambias de tema.
-Me alcanzas los anteojos, Olga. 
-Los tenes en el bolsillo de la camisa.




La alargada sombra del molino /23)

El molino pasó a ser una filial de la más exitosa marca de harina del país, cambiaron sus colores, su insignia, incluso se hicieron reformas en el edificio, aunque se mantuvo su fachada.
Esteban miró con gracia el edificio, y se dio cuenta que como la mayoría de las cosas lo sobreviviría, que su vejez, sus achaques, no podían revocarse, pintarse y reforzar sus cimientos, que solo le quedaba resignarse, que en eso consistía la tragedia del ser humano, en luchar contra lo imposible e inevitables hasta resignarse.
Ese día se reuniría con su familia, en el fondo a pesar de todas las frustraciones, le daba más satisfacción que pena el haber tenido a Agustín y haber adoptado a Sofia y Ana, los quería a los 3, no por igual, porque consideraba que eso era un absurdo, cada persona era diferente y las relaciones que se entablaban con ellos, también, por lo que lo que le generaba uno de ellos, no se lo provocaba el otro.
Por Agustín sentía cariño, y ese vinculo de sangre que hacia que este le devolviera una especie de reflejo deformado de su persona, muchas veces había considerado que era el ejemplo perfecto de su fracaso como ser, un discapacitado, un niño grande, un adulto que nunca podría hacerse responsable de si mismo, un persona dependiente, pero también una persona inofensiva, afectuosa, compañera, y en cierta forma más genuina que lo que Catalina y él habían sido.
Sofia era al contrario la independiente, la triunfadora, la que más "merecía" u apellido, no había conocido a sus padres, y no tenia idea cuanto de ellos había heredado y cuanto había sido adquirido debido a la crianza, igual le frustraba que no pudiera ser feliz o por lo menos estar contenta consigo misma, en eso se parecía a él, era insegura, aunque los diferenciaba la forma de afrontar dicha inseguridad, él había preferido abortar sus ideas, proyectos, etc, y dedicarse al juego, mientras que Sofia eligió su ambición para paliar dicha inseguridad, a veces consiguiendo derrotar sus miedos y otras no.
Ana en el fondo era la más diferente a él, la menos cercana, ella había mamado mucho más de Catalina, y la había superado con creces, tanto como a él Sofia, Ana uso también sus complejos, sus miedos, para desde ahí hacerse a sí misma, confrontar todo lo que creí que nunca podía llegar a ser, y serlo, sin refugiarse en la amargura y el resentimiento, o la derrota, como él.
Por eso se alegraba de haber sido lo suficientemente bueno, como para que si él les pedía venir a comer y asar un día a su lado, estas lo hicieran, sin se runa imposición o deber moral, sino más bien una forma de honrar el vinculo familiar.
Ellas le hablaron de todo, Sofia la que menos habló, le contó que le habían ofrecido un trabajo de gerente en una empresa española que pensaba abrir un molino en el país, y remató con que no podía despegarse de la harina.
Ana les contó que su marca se expandía, había cierta soberbia en su voz, tal vez por saber que no debía naturalizar su éxito, ya que era consciente de que en cualquier momento su marca podía dejar de representar un valor, que los gustos cambiaban continuamente, por lo que era algo importante, y su soberbia tenia razón de ser.
Esteban y Agustín hablaron poco, nunca tenía casi nada que contar, ya que sus días consistían en casi repetir lo que habían hecho el anterior, una rutina cuyas novedades solo pasaban por alguna medicación que el doctor decidía cambiarle a alguno de los 2, o por la renuncia de alguna enfermera por irse a trabajar a un hospital o clínica y el consiguiente reemplazo por otra.
Antes de despedirse de ellas, las contempló y se sintió orgulloso de saber que cuando muriera, esas 2 mujeres a las que tanto admiraba, lo recordarían con amor, y que su hijo estaría protegido por ellas.



sábado, 15 de abril de 2017

La alargada sombra del molino /22)

Cuando Sofia se sentó frente a Santiago, y comenzó a hablarle del molino, este la miró como si le hablar de un cuadro, un cuadro grande, llamativo, que hubiera ocupado un lugar importante en la casa, pero solo eso, un cuadro, una imagen, algo que esta ahí, estático, para ser contemplado, nada más, en el fondo para él el molino era un recuerdo, el de su padre, un ser con quien nunca se había entendido, de quien se sentía lejano, y ese molino lo representaba.
-Mira, para mí ese molino tiene mucha menos importancia que para vos, nunca me hice cargo de él, por lo menos como debería haberlo hecho, y si no me importó cuando era joven, ahora que estoy a nada de morirme, menos, podes hacer lo que se te cante con él, venderlo, quemarlo y cobrar el seguro, lo que quieras, hace décadas que es más tuyo que mío o que de Agustín, pobresito, y no es un reproche, al contrario, gracias a vos hemos vivido muy bien, nos salvaste, y por eso te agradezco que quieras consultarme, pero realmente no me importa que pase con el molino, tráeme los papeles que quieras que firme, y los firmo, pero por favor no me hagas decidir nada sobre él.

Viendo ese edificio imponente, mucho más 70 años atrás que ahora, Sofia pensó en lo que habría sentido Esteban, de ver que todo ese se erigía gracias a él, si, era otra época, la gente tenia otra perspectiva sobre el mundo y los seres humanos, y sobre todo alguien como Esteban, seguro era un hombre profundamente egolatra, con cierto complejo de Dios, que había fundado en la nada su propia aldea, su lugar en el mundo, que realmente era suyo, donde el podía diseñar y decidir sobre todo, igual no creía que hubiera sido de esas personas preocupadas por decidir lo que hacían sus empleados fuera del horario de trabajo, sino su empresa, su firma, su apellido, tenía mente de empresario, no de político, no quería que adoraran su imagen, quería desafiarse a sí mismo y ver hasta donde podía llegar. 



La alargada sombra del molino /21)

Dejar de ser la jefa, patrona, dueña o el título que quisiera darsele del molino, era como quitarse una parte de sí, pero se sentía reconfortada de saber que no moriría ahí, Sofia, quería morir sabiendo que ya no era la que estaba a cargo de ese lugar, como una madre que siente que ya puede morir cuando siente que su hijo ha encaminado su vida, porque en el fondo, a pesar de las frustraciones, dolores de cabeza, ronca, y demás que le había causado el molino, se había convertido en una parte de ella, en una extensión de su ser, era a lo que más tiempo y energía le había dedicado en su vida, mucho más que a su propio hijo, lo sabia y era algo que le pesaría toda su vida, y que su hijo se encargaba, con razón, de recordarle cada vez que podía, pero era consciente de que nunca hubiera sido tan buena madre, como era buena empresaria, no tenia con que, no contaba con ese instinto, y se reprochaba haber sido madre, más por un capricho, que por una necesidad.
Y ahora era un nuevo comienzo, vacaciones, administrar el ocio, hasta que la vejez se hiciera presente, con el cumulo de enfermedades, turnos al medico, análisis, recetas, etc.

Mi hermana se retira y yo sigo a cargo de mi empresa, nunca pensé que fuera a ser más constante que ella, yo que siempre soñé con un hombre, una familia, el cliché del cuento rosa, la mujer en el hogar, claro que haciendo nada, o sea la mujer rica en el hogar, la ama de casa de presentación, la anfitriona, la ladera de un hombre rico y poderoso, y al final no, termine viviendo de esas mujeres, montando una empresa basada en su vanidad, que era también la mía, nada más que en vez de perder plata, obtuve ganancias de la misma.
Curioso mí caso, el amor, ese pasional, ideal, romántico, bello, nunca lo conseguí, tal vez lo que aprendí es a quererme a mí misma, y eso es me parece que es lo mejor que le puede pasar a una persona, aprender a quererse, a aceptarse, conocerse y valorar lo que se es, y lo que no.

sábado, 1 de abril de 2017

La alargada sombra del molino /20)

Miro su oficina, era el lugar donde más tiempo había pasado en su vida, usando zapatos de tacos, vestidos oscuros, el pelo apretado en una cola o rodete, el maquillaje sutil, pero, las medias de nylon, el aire acondicionado, y la ventana con vista a todo el pueblo.
Y ya estaba cansada, ya no sentía los triunfos, ni los fracasos que tenia como empresaria, no le importaban, actuaba de forma automática, no pragmática como hasta entonces, le aburría escuchar de alianzas comerciales, exportaciones, aumentos de sueldo, seguros de vida, quería abandonar todo eso, dejar de lado las discusiones, las falsas sonrisas, el tono de voz especifico que usaba cuando se ponía en la piel de la empresaria, que de tanto llevarla, no sabia como era el otro, el de la mujer, el de la madre.
Qué soy, una empresaria, punto, ahí se termina todo, mi único logro, bueno otros no logran nada, yo logre eso, pero estoy cansada, fastidiada de eso, fastidiada de todo.
Pensó en Esteban, se estaba muriendo, vivía a fuerza de innumerables medicamentos que lo irritaban o le daban sueño, pensó en Agustín, con su vida triste, solitaria, aniñada.
A ellos no les importaba una mierda si esa empresa seguía perteneciendo a su familia o no.
En el fondo nunca fue por ellos, lo hice por mí, para demostrarme que podía, un desafió, bueno podría decir que me salí con la mía, soy una empresaria relativamente exitosa, si so existe en este país.
Pero ya se terminó, ahora quiero ser algo más, o si no no ser nada, solo una señora de casi 60 años, con bastante plata, tal vez viaje, o me consiga un tipo más joven que me saque la plata.

No entendía la necesidad perversa de extender la vida que se había hecho algo casi obligatorio en los últimos 40 años.
Esteban recordaba ver algunos viejos cuando era joven, y en general o andaban bien o se morían al poco tiempo, no los mantenían en un limbo, que más se parecía a un infierno, lleno de pastillas, enfermeras, damas de compañía, doctores, todos mirándolo con lástima o bronca, o una mezcla de ambas.
Todo porque les sirve en las putas estadísticas decir que alguien que antes vivía hasta los 70 ahora llega a los 80, como si vivir fuera esa mierda de estar lleno de medicamentos, no poder comer con sal, con azúcar, tener que tomar pastillas o meterse sondas hasta para mear, con dolores en todo el cuerpo, para qué mierda habré llegado hasta los casi 90, si hace años que no vivo, solo ando, o ni ando, respiro, y mal, qué perversión esto, qué porquería, vivir para mantener laboratorios, que encima no son capaces de descubrir la forma de hacernos vivir como la gente, no así, que estamos peor que una fruta en la heladera, pudriéndonos de a poco, perdiendo el color, el gusto, la vida, de forma lenta, parece que los hijos de puta no fueran a llegar a viejos, tal vez ese es el problema, que nadie piensa en que se convertirán en esos mismos viejos a los que maltratan o ignoran, porque la vejez es casi tan ineludible como la muerte, las personas somos tan cobardes y masoquistas que preferimos una vejez indigna, que es casi la única que hay, antes que el suicidio, y eso porque a la vejez la bloqueamos por absurda, como a la muerte, pese a que convivimos con ella, es algo molesto, que no queremos ver, en lo que no queremos pensar, por eso se maltrata o ignora a los viejos, porque representamos lo que les espera, el espejo donde nadie quiere mirarse.
Ni siquiera los propios viejos, qué de lindo tiene para uno depender de otros, ver como se pierden las facultades, ver que lo único que uno puede esperar de los demás es condescendencia.
Pero bueno, ahí sigo, yo tampoco me suicido, solo me quejo, como buen humano. 

sábado, 25 de marzo de 2017

La alargada sombra del molino /19)

Personas revolviendo la basura, haciendo fila frente a las ollas populares, barriendo calles, juntando ramas o solo estando en algún lugar hasta que se le encontrara una utilidad que justificara la miseria del plan trabajar, que alcanzaba para no morirse de hambre y ya, la pobreza se palpaba en todas las calles, se respiraba, se veía hasta en los detalles más triviales, las mujeres dejándose la raíz del cabello sin teñir por falta de plata para la tintura, las uñas sin esmalte, olor a sobaco por falta de desodorante, y por supuesto en la ropa y el calzado, lleno de agujeros o de ínfima categoría, ropa comprada en los mercados de segunda mano, usada o mal confeccionada, igual las zapatillas, que denotaban grandes agujeros, con medias en similares condiciones, que dejaban ver uñas sucias. 
Ruido de tambores, de movilizaciones, calles cortadas por oportunistas que trataban de aprovecharse de ese hambre y es frustración, tratando de luchar contra los oportunistas históricos, punteros y políticos peronistas, no porque les importara la gente más que a estos, sino porque veían su oportunidad para arañar un poco de poder.
Sofia a cambio de que no acamparan frente al molino, donaba varios kilos de harina a las organizaciones sociales, incluso a sus trabajadores.
La devaluación la había ayudado con la deuda que tenía la empresa, y el que ahora gracias a eso su producto era barato a nivel internacional, por lo que mejoraron las exportaciones.
Igual ya todo lo hacia con la expectativa de la próxima crisis que terminaría por cerrar el molino, se sentía como una mujer golpeada, al que el marido después de cada paliza, le regala un ramo de flores o una caja de bombones.

Se sintió aliviada al averiguar que la compañía de seguros que había contratado no se hubiese fundido, aunque le dieron vuelta por meses antes de pagarle.
Afortunadamente para ella, tenía dinero algo de dinero ahorrado en el exterior, y sobre todo en una caja fuerte en su casa, por lo que logró sobrevivir sin tener que vender a mal precio su auto, su casa o despedir a la señora que la ayudaba.
4 meses después, cuando volvió a abrir su tienda insignia, como había pasado en las otras que en general salvo alguna vidriera rota, se habían salvado del saqueo, empezó a recibir clientes extranjeras, turistas que venían a ver el país ese que se había caído, que estaba en crisis, una especie de África en América, pero con buenos y baratos (para su economía) hoteles, y sin la dura barbarie de ese continente, era como ver a a visitar a un pariente pobre, y reconfortarse por estar en una situación mucho más privilegiada. 
También se dio cuenta que esas mujeres no solo estaban haciendo turismo marginal, sino que venían a averiguar si estaba dispuesta a venderles a sus respectivos maridos, la franquicia.
Ana lo pensó por días, estuvo 1 semana dándole vueltas a la idea, estaba cansada del país, de sus crisis, también de sus clientas, pero no, no podía, era su lugar, una extensión de sí misma, una parte de ella, y no estaba dispuesta a extirparla, por más que los beneficios de mantenerla fueran solo un capricho narcisista. 

La alargada sombra del molino /18)

El país no crecía, estaba en recesión, tantas veces había pasado, y ambas estaban seguras que volvería a pasar, se sentían como las ratas de laboratorio, dando vueltas nen la misma rueda.
Las frases hechas, pero ciertas, empezaron a salir de los labios tanto de Sofia como de Ana.
-En este país no se puede vivir, todo te cambia de un día para el otro, los políticos te venden un mundo hoy y otro mañana, y nosotros se los compramos, estoy harta.
Le dijo Ana, mientras no dejaba de tener presente en su mente las imágenes donde su principal tienda era saqueada, ver manos sucias tirando, rasgando, manchando y quemando su ropa, otros llevándosela.
La hizo sentir sola, triste, estúpida, frustrada.
El seguro, (si es que no se había fundido) se haría cargo del costo, pero ella no se podía sacar las imágenes de la cabeza, su tienda había sido su lugar en el mundo, había supervisado su remodelación, había iniciado allí amistades, sociedades comerciales, aventuras amorosas, era una extensión de sí misma, su nido, su cueva, su hogar, incluso tenia un pequeño departamento detrás, donde a veces sobre todo antes de casarse y tener hijos, solía quedarse a dormir.
Mi vida pisoteada, escupida, quemada, destrozada, por gente arriada, que nunca ha sabido lo que es tener algo de valor, gente resentida e ignorante, gente dañina, gente nefasta.
Igual más que a esas bestias, odio a los que los mandaron ahí, la mayoría están casados con tilingas que gastaban fortunas en mi tienda para verse mejor, para aparentar lo que nunca serían, para olvidarse de donde salieron.

Sofia también tenía que lidiar con gente frente al molino, aunque no la saqueaban, por ahora, aunque exigían harina gratis, los trabajadores acampaban frente al molino y amenazaban con convertir el mismo en una cooperativa si llegaban a despedir a alguno de ellos.
-Se creen que tengo la maquina de hacer plata, en general los trabajadores nunca aprecian nada, ellos se piensan que porque una está en una oficina, ya está, la fuma en pipa, no se dan cuenta todas las decisiones que hay que tomar, de donde sale la plata, los acuerdos, las ganancias y las perdidas, que tengo que medicarme para dormir y para levantarme, que me salió una ulcera, que no sé qué carajo decidirá el gobierno que venga, no ven que en Argentina todo es una ruleta rusa, y ni hablar dirigir una empresa sin corrupción, por eso en general los empresarios cómodos se hacen amigos del político de turno, para no tener que enfrentar ningún costo, como se dice, corren con el caballo del comisario, siempre amparados por el paraguas estatal, a los pocos que intentamos hacer algo diferente, nos cortan las alas, por eso este país siempre se está yendo a la mierda, prefieren los alcahuetes, a los emprendedores, y estoy harta.