El bar que eligió era lindo, elegante, pero a la vez discreto. Las mesas estaban bastante alejadas unas de otras, por lo que daba cierta intimidad.
En el bar también me corrió la silla, en ese momento hasta me empezó a gustar. Si, era así de contradictoria. Le sonreí agradeciéndole el gesto.
-Qué querés tomar?
-No sé, ¿un té?
Pidió un te y un café.
Mientras cada uno revolvía el contenido de la taza nos quedamos ahí sin saber qué decir. Bah, por lo menos yo, creo qué él sí sabia qué diría, cuándo y cómo. Ernesto es de esas personas que todo lo calculan.
-¿Hace mucho que trabajas en el estudio?
-Un montón, 5 años ya.
-¿Y te gusta?
-Si, es un buen trabajo, un lugar cómodo, con aire condicionado. Buenos jefes.
-Si, son buena gente los Puig.
-¿Ni hablar, ¿y vos a qué te dedicas?
-Soy financista, pero no de esos que andan en negocios turbios y terminan desaparecidos o con un tiro en la cabeza.
Ambos reímos, su risa era contagiosa. Luego descubrí que era honesto en su trabajo, todo lo turbio lo guardaba para su vida privada, sobre todo para las infelices como yo, que eran lo bastante estúpidas como para hacerle caso.
Como quién no quiere la cosa, siguió dirigiendo la charla, que se convirtió casi en un cuestionario. Aunque yo en ese momento andaba en las nubes, contenta que él se interesará en mí.
Me preguntó sobre mi familia, si mis padres vivían, si tenía hermanos, si ellos vivían en Capital. Ahora veo por qué.
Después de los cafés, me ofreció invitarme a cenar, pero le dije que no, ya que tenia miedo de cansarlo, nunca he sido muy conversadora y menos si se trata de hablar de mí. Me incomoda hacerlo, básicamente porque me han pasado muy pocas cosas dignas de ser contadas.
Al llegar a la puerta del edificio donde vivía, nos despedimos, en la típica escena de falso beso en la mejilla que termina dándose en los labios.
sábado, 31 de julio de 2021
Aventura /2)
sábado, 24 de julio de 2021
Aventura /1)
Con que poco se hace ilusiones una mujer como yo. Tal vez hago mal en meterme a un colectivo. Si es verdad que hay otras iguales o peores, pero conformarme con no ser la única idiota masoquista a la que le ha pasó, no deja de ser un consuelo de tontos.
Cuando lo vi, me sorprendió que me dijera más de las 4 o 5 palabras funcionales que me dirigían las personas que iban a ver a los dos abogados de los que yo era secretaria. Ni siquiera ellos, mis jefes, eran de tener intercambios mucho más largos conmigo. Nah, nadie en general. Soy una persona que no genera empatía y es algo recíproco, me reconozco apática. No sé por qué estoy retrasando tanto las cosas describiéndome a mí misma. Como si no me conociera, quizás es una forma de justificarme mi comportamiento idiota.
En fin, lo conocí ese día, no era un hombre atractivo en el sentido convencional del termino. Apenas tenía 30 años, una más que insipiente calvicie, labios muy finos y ojos insulsos. Lo más "lindo" de su cara era su nariz pequeña, bien formada. Lo mejor de él era su voz: cautivadora, (por lo menos para mí), viril, envolvente.
Qué cursi me siento escribiendo así, pero no hay otra forma de relatar lo que me provocó Ernesto en ese momento.
No me dijo mucho cuando nos vimos por primera vez. Me preguntó lo obvio, si podía pasar a ver a uno de mis jefes, tenía una cita con él, etc. Pero la forma en que lo dijo y su lenguaje corporal, me hicieron temblar.
Como dije, debe haber sido porque desde hacía mucho tiempo nadie me prestaba la más mínima atención. Ni yo tampoco se la prestaba a nadie, pero a él, sí.
Estuve ansiosa hasta que salió de su reunión con mi jefe. Pensaba si me diría algo, si había sido solo cortesía o de verdad le guste.
-¿A que hora salís?
Había bajado la mirada ni bien sentí que abrían la puerta. Cuando escuché la pregunta me vi obligada a hacer contacto visual. La cara se me puso roja y tardé unos momentos en responder porque se me había nublado la mente.
-A las 6...
- ¿Te gustaría salir a tomar un café?
-Bueno...
Una vez que se fue, me levanté y corrí hasta el baño. Me miré de arriba a abajo. Mi aspecto insulso, como siempre, era también una cualidad, ya que una pollera negra hasta las rodillas, medias de nailon, zapatos de taco bajo negro, camisa blanca, y chaqueta negra, era un atuendo clásico y para un cuerpo como el mío: flaca, pero sin nada a destacar, ni buenas tetas, ni buen culo, un poco mejor las piernas, pero nada del otro mundo, mi vestimenta estaba bien.
A la hora de salir fui de vuelta al baño. Me pinté los labios y me maquillé, no demasiado ya que si no iba a ser muy obvia la expectativa que ponía en esta cita.
Cuando salí del edificio, Ernesto me estaba esperando en la puerta.
Fuimos hasta su auto, me abrió la puerta. Ese gesto me pareció medio tonto, nunca me ha gustado la caballerosidad exagerada, pero bueno, eso era mejor que nada y más para mí que llevaba un montón sin tener un perro que me ladre.
sábado, 3 de julio de 2021
Voces /9)
Apenas se dio cuenta por un pinchazo el momento en que otro de los presos le clavó un objeto punzante en la carótida, se desvaneció y murió a los pocos minutos.