Volver a entrar en su habitación dos días después de su muerte y no sentir su perfume fue una sensación extrañísima.
Liliana siempre impregnaba la habitación con su perfume preferido, y ahora al sentir en el aire el olor del desodorante de ambiente era impactante para Sandra.
Estaba ahí porque Nicolás, el viudo, le había dicho que, si podía y quería, se llevara toda la ropa, fotos, bisutería y demás pertenencias personales de Liliana.
Nicolás nunca había sido un tipo sentimental. Sandra sabía por Liliana, que su matrimonio, con los años, se había convertido en un acuerdo respetuoso, más que en cualquier otra cosa. Ni siquiera dormían en la misma habitación.
Igual Liliana nunca había hablado mal de Nicolás.
La verdad que para el tipo de matrimonio que se puede tener hoy en día, yo no me quejó, me siento bien con Nicolás, lo volvería a elegir como cónyuge.
Sandra no le hizo la pregunta obvia y estúpida de: ¿Y el amor?
Sabía que el amor podía darse de diferentes formas, Nicolás y Liliana se querían, no de la forma estereotipada y melodramática que el mayoría concibe el amor, aunque nunca lo experimenten. Su tía le había dicho una vez:
El amor ese de cine, de telenovela, en la realidad es una calentura adornada con cursilerías e idealización. Una especie de droga natural o enfermedad. No descubro nada, hasta las canciones lo dicen, y a veces termina hasta siendo una obsesión. Creo que tiene que ver con escaparse de uno mismo. Las personas que más se entregan a esa idea del amor, suelen ser las frustradas, por eso se refugian en esa idea, algo parecido les pasa a los creyentes.
Por eso no era que descartará, pero le costaba creer que el motivo de la muerte de Liliana, fuera pasional.
Aunque también esta le había repetido muchísimas veces que las personas eran sobre todo contradictorias.
Abrió el placar y comenzó a sacar la ropa de las perchas. Casi todos los vestidos y conjuntos de Liliana eran clásicos: blancos, negros o colores ocres. Vestimenta que se usaba hacía 30 años, que se usaba en el presente, y que se usaría dentro de otros 30 años.
Igual sus zapatos, y la forma en que se peinaba, su tía era elegante, pero sin llamar la atención en ningún momento.
Odio esas abogadas que se ponen todo lo que tienen encima, parece que caminaran por la alfombra roja de alguna premiación, en vez de ocuparse de argumentar.
La tienen que haber matado por uno de sus casos, no queda de otra. Cuando terminó de acomodar la ropa en la valija de su tía, abrió uno de los cajones y encontró una soga y un látigo. Los observó detenidamente, no eran nuevos, no estaban limpios, ni embolsados. Tampoco eran del tipo que, según creía, solía usarse en los juegos sexuales que incluían tortura. Era una soga y un látigo "reales". Siguió mirando y notó que los dos elementos tenían manchas de color bordo.
Liliana siempre impregnaba la habitación con su perfume preferido, y ahora al sentir en el aire el olor del desodorante de ambiente era impactante para Sandra.
Estaba ahí porque Nicolás, el viudo, le había dicho que, si podía y quería, se llevara toda la ropa, fotos, bisutería y demás pertenencias personales de Liliana.
Nicolás nunca había sido un tipo sentimental. Sandra sabía por Liliana, que su matrimonio, con los años, se había convertido en un acuerdo respetuoso, más que en cualquier otra cosa. Ni siquiera dormían en la misma habitación.
Igual Liliana nunca había hablado mal de Nicolás.
La verdad que para el tipo de matrimonio que se puede tener hoy en día, yo no me quejó, me siento bien con Nicolás, lo volvería a elegir como cónyuge.
Sandra no le hizo la pregunta obvia y estúpida de: ¿Y el amor?
Sabía que el amor podía darse de diferentes formas, Nicolás y Liliana se querían, no de la forma estereotipada y melodramática que el mayoría concibe el amor, aunque nunca lo experimenten. Su tía le había dicho una vez:
El amor ese de cine, de telenovela, en la realidad es una calentura adornada con cursilerías e idealización. Una especie de droga natural o enfermedad. No descubro nada, hasta las canciones lo dicen, y a veces termina hasta siendo una obsesión. Creo que tiene que ver con escaparse de uno mismo. Las personas que más se entregan a esa idea del amor, suelen ser las frustradas, por eso se refugian en esa idea, algo parecido les pasa a los creyentes.
Por eso no era que descartará, pero le costaba creer que el motivo de la muerte de Liliana, fuera pasional.
Aunque también esta le había repetido muchísimas veces que las personas eran sobre todo contradictorias.
Abrió el placar y comenzó a sacar la ropa de las perchas. Casi todos los vestidos y conjuntos de Liliana eran clásicos: blancos, negros o colores ocres. Vestimenta que se usaba hacía 30 años, que se usaba en el presente, y que se usaría dentro de otros 30 años.
Igual sus zapatos, y la forma en que se peinaba, su tía era elegante, pero sin llamar la atención en ningún momento.
Odio esas abogadas que se ponen todo lo que tienen encima, parece que caminaran por la alfombra roja de alguna premiación, en vez de ocuparse de argumentar.
La tienen que haber matado por uno de sus casos, no queda de otra. Cuando terminó de acomodar la ropa en la valija de su tía, abrió uno de los cajones y encontró una soga y un látigo. Los observó detenidamente, no eran nuevos, no estaban limpios, ni embolsados. Tampoco eran del tipo que, según creía, solía usarse en los juegos sexuales que incluían tortura. Era una soga y un látigo "reales". Siguió mirando y notó que los dos elementos tenían manchas de color bordo.