sábado, 1 de diciembre de 2018

Los rumbos /3)

Peló y cortó las papas de forma rápida y mecánica, sacó la sartén del bajo lacena, la puso sobre la cocina, vertió el aceite, prendió la hornalla y la puso en fuego moderado. Después de echar las papas, se secó las manos con un repasador que olía feo, Liliana hizo una mueca y buscó el alcohol, en gel que tenia en el aparador.
Sabía que era inútil quitarse el olor, ya que igual el aceite frito dejaría el departamento impregnado de olor por horas, tendría que abrir todo, lavar el piso, echar desodorante de ambiente para que desapareciera, y para nada, porque mañana su hijo le pediría otra comida frita, siempre frito. Comía mal, estaba gordo, pero ya le había hecho comentarios sobre eso y solo conseguía una mirada irritada o un amargo suspiro., Por eso ya no le decía nada, y se alegraba cuando le decía que ya había comido. Estaba harta de prepararle la cena, y de su presencia, aunque no sabia si quería vivir sola, no, no quería, necesitaba alguien en la casa, aunque fuera su hijo, sucio, atenido, pero por lo menos con un trabajo estable. Le dejó la comida en la mesa y se fue a limpiar la cocina, no soportaba verlo comer con la boca abierta, nunca lo había podido acostumbrar a que la cerrar o que no se los labios con el revés de la mano.
Mientras limpiaba sintió las puntadas de la artritis, cada vez eran más fuertes los dolores, suspiró frustrada y siguió refregando. 

sábado, 17 de noviembre de 2018

Los rumbos /2)

Después de contemplar como le había quedado la uña del dedo menique con el esmalte, Florencia dijo:
-Es una mierda.
Arranco un pedazo de algodón, lo bañó en el quita esmalte y lo frotó contra la uña.
Escuchó un llanto, suspiró frustrada y caminó 3 metros hasta la cuna, se levantó la remera y puso al bebe sobre su pezón.
Mientras este chupaba, miró por la ventana, odiaba el edificio donde vivía y todos los que lo rodeaban, era un complejo de departamentos, todos rectangulares, de 6 pisos, con ventanas de 1 metros de largo por 2 de ancho, las paredes exteriores pintadas de amarillo chillón y las persianas de rojo carmesí, desde su ventanas cada vez que se levantaba no veía más que ese amarillo.
Notó que su hijo había parado de succionar, esperó que eructara y vomitara y lo volvió a costar.
Levantó el esmalte y el trozo de algodón y los tiró a la basura, el resto de cosas las guardó en un cajón del bajo mesada.
Agarró el celular, entró en WS, y mandó un audio:
-Estoy sola, bah con el bebe pero es lo mismo no jode, venite.
Recibió un ok como respuesta.
Se miró en el espejo y se cepilló su pelo teñido de rubio oxigenado y planchado hacía apenas 1 hora. Odiaba usar la planchita pero más su pelo crespo, que siempre se le estaba enredando o que cambiaba de volumen según el tiempo.
Recibió otro WS con un audio:
Estoy abajo.
Florencia presionó el portero eléctrico y 2 minutos después estaba besándolo y abrazándolo, él la puso sobre la mesa del comedor, se desprendió el cinto, y bajó el cierre, mientras ella se quitaba la remera.
La corta pollera que llevaba se la levantó, no quería sacársela porque siempre terminaba en el piso y pisada por Brian, ya le había dejado hecho mierda 2 por su impulsividad. El le corrió la bombacha, se  escupió la mano derecha y la pasó por su vulva, 3 minutos después sintió su semen.
Ambos se levantaron y ella manoteó un rollo de papel que había dejado al costado de la mesa para eso, se limpió las piernas y le pasó el rollo a él, después fue hasta el baño, se sacó la remera, la pollera y la bombacha, en rollo una toalla alrededor de sus tetas y fue hasta la habitación, vio de pasada al bebe, seguía durmiendo, se sacó la toalla y se cambió, sintió como Brian entraba al bañó y abrí la canilla.
Después ambos se encontraron en el pasillo, él esperó que ella para para pellizcarle el muslo. Se apoyaron sobre la ventana del comedor y compartieron un porro mientras oían algunas sirenas lejanas de la policía y veía las luces anaranjadas de los faroles reflejando la deprimente mini plaza que había abajo, con todos los juegos y bancos oxidados. 




sábado, 3 de noviembre de 2018

Los rumbos /1)

Todos se colocaron los anteojos al salir del boliche, ya que el sol empezaba a pegar, hacia rato que había amanecido, por lo menos 1 hora y media, estaban tomados, cansados, caminaban casi a la rastra. Agustín se vio reflejado en una vidriera y contempló lo que ésta le devolvía, sintió que tanto él como los demás eran zombies, se reprochó lo obvio del pensamiento, y aceleró el pasó para alcanzar a los demás. Los miró, solo eran conocidos, Paula era la única amiga que tenia dentro del grupo, el resto nada, ni siquiera conocía el apellido de la mayoría, y  de 2 ni el nombre, ya que se los habían presentado esa noche y con lo fuerte que estaba la música no había alcanzado a oírlos. Cuando llegaron a la esquina, se empezaron a separara, la pareja que habían conocido esa noche, tomó un taxi, otros doblaron a la derecha, vivían a 2 cuadras de ahí, las otras 2 chicas se sentaron en una parada de colectivos, hasta que pasara el que las llevaría a su barrio. Se despidieron con un apático chao que ellos respondieron levantando sus respectivas manos derechas.
Agustín y Sonia siguieron caminando, al llegar se sacaron los anteojos.
-Quiero morirme.- Dijo Agustín mientras se refregaba los ojos.
-Ya me extrañaba que no lo dijeras.
-Es que es la verdad, tengo 25 y estoy hecho mierda. 
-Nah, estás di-vi-no.
-Anda a cagar.
-No te pongas loca, eh.
-Como para no, sabes las horas que voy a tener que ir al gym y mantenerme solo mantenerme como estoy dentro de unos años, me quiero morir.
-Qué tragedia.
-Para mí lo es.
-Y si, a ver si no tengo pesadillas con tu culo fláccido.
-Puta.
-Boeh, mirá quien habla.
Agustín se duchó antes de acostarse, era su rutina, siempre que salía al regresar se duchaba.
Se despertó y entrecerró los ojos, las persianas estaban levantasdas y el sol de la una de la tarde lo cegaba, sintió el olor del café recién hecho y se acercó a la mesa.
- ¿Como anda el bello durmiente?
- ¿Por qué mierda subiste las persianas? 
-Y para qué va a ser, para que entre sol, bola, no viste la vitamina D o una de esas que da el sol.
-Ajá, dame café.
-Pagame y te sirvo, boludo, si no ahí tenés la cafetera, la taza en la alacena y la cuchara en el primer cajón.
Agustín se sonrió, y fue a buscar una taza, mientras se servía el café notó las facturas que estaban sobre la mesa.
-Che, te caíste de la cama, facturas, café.
-Ja, viste, no dormí casi nada, no sé, después me voy a tirar por 12 horas, pero ahora ando no tengo sueño.
Se quedaron en silencio, que solo rompía el ruido de las tazas cuando las apoyaban sobre la mesa o el de la cafetera sobre éstas cuando se servían más café, también el de sus masticadas, pero ninguna palabra surgió entre ellos, ambos se esforzaban por recordar la noche anterior, pero casi nunca lo lograban cuando tomaban éxtasis, era un tiempo robado a su memoria, eso les excitaba y angustiaba a la vez. 


sábado, 20 de octubre de 2018

Encrucijadas de la vida /58)

Todos estaban en sus jaulas, donde se sentían seguros, o menos peor que afuera, se encerraban en sus creencias, valores, pensamientos, recuerdos, a veces salían, buscaban distracciones, intentaban ver más allá, pocas veces conseguían algo que los motivara a no volver a la jaula, en general fracasaban cuando más tiempo pasaban fuera de ella, pero dentro se frustraban y tenían que intentar algo para que la jaula no lo fuera, y la llenaban de fantasmas, hechos de recuerdos, anhelos, sueños, esperanzas y fantasías, otras de personas que habían perdido su jaula, aunque encerrarse en la ajena tenía sus consecuencias, pero siempre había quien estuviera dispuesto a pagarlas por compartir una.
Marcos miró lo que había escrito y se le formó una sonrisa irónica, rompió el papel en varios pedazos, y se lo guardó en el bolsillo, lo olvidó hasta regresar a su casa, donde colocó los trozos sobre la parrilla que tenía afuera, casi nueva ya que no le gustaba asar, ni tampoco comer asado o reunirse con gente a comerlo, no se acordaba de la última vez que alguien la encendiera, decidió hacerlo para quemar los papeles, aunque consideraba que era una estupidez gastar un par de troncos en un papel, pero quería ver la leña arder, oír crepitar la madera, ver los diferentes colores que se formaban mientras la llama la devoraba, sentirla crepitar, y eso hizo. Con ella le pareció exorcizar una parte de él, quizás momentáneamente, no sabía, ni quería saber, no le interesaba más que ver el fuego, ver la leña deshaciéndose. Pensó que eso era la vida, unos pocos instantes de fuego, de rojo, azul, amarillo, ardiendo, y luego la nada, las cenizas grises, por eso él había tratado de trascender.
Pensó que tal vez no había solo un fuego en la vida, sino varios, dependiendo de cada uno, de la intensidad y calidad de la madera, pero que la suya ya estaba podrida y no servía ni para leña.
Miró las cenizas, las garró con sus manos y las esparció por el césped. 




sábado, 6 de octubre de 2018

Encrucijadas de la vida /57)

Otra muerte, ya eran tantas en tan poco tiempo que en cierta manera se estaba, a Laura le parecía absurda la idea, pero era un hecho, cuando algo se repite pierde su impacto, en apenas 60 días su hija, su hermana, y ahora su madre habían muerto, y no sabía como sentirse, en el fondo a la que más había querido era a Aejandra, su amor y complicidad duró mucho más que el instinto de protección y cuidado que sintiera por su hija, o el amor y admiración que le provocara su madre en la niñez, además su hermana era la que más había tardado en decepcionarla, a la que más quería y la única a la que extrañaba, todavía no se acostumbraba a que nunca más conversaría con ella, ni intercambiarían miradas cómplices, todavía no procesaba bien todo lo que le hiciera en el último tiempo, cuando de repente se enteró de su enfermedad y posterior muerte, el odio y posterior resentimiento no se habían consolidado, por lo que todavía quedaba el amor, el compañerismo, el vinculo latente. Pero con su hija y con su madre, no, Magdalena desde su regreso había sido una extraña, luego de que pudo decirle todo lo que llevaba por años acumulado, fue como si desapareciera. Recordaba a la mujer que después de 40 años se apareciera en su puerta, llena de arrugas, con menos pelo y encorvada, pidiendo perdón, una imagen patética, de una pobre viejecita, digna de lástima, se suponía que las arrugas y demás achaques debían borrar o compensar el abandono, para ella no, lo más digno que podía ofrecerle era lo que le dio, la verdad, vomitarle todo lo que llevaba décadas guardando, no tenerle lástima.
La muerta que menos voy a recordar, la que velé hace un montón, creo que lo mejor que pude hacer fue no reconciliare, hubiera sido una hipócrita, yo no la iba a perdonar y lo que me hizo lo hizo, no es que iba a volver 40 años atrás y quedarse en casa o llevarnos con ella, no, bien que le gustó irse y dejarnos, sacarse esa caga de encima, no afrontar sus obligaciones como madre, fue un irresponsable, igual que Sofía y que Alejandra, todas irresponsables, todas inconscientes, creyéndose por encima de todo, así terminaron. 

sábado, 29 de septiembre de 2018

Encrucijadas de la vida /56)

El vinculo que por años había tenido con su hijo, de apoyo mutuo y cierta complicidad frente al padre, se había ido gastando. Una vez que Claudia tomará la decisión de dejar a su marido, y mudarse, su hijo logró hacer una vida independiente, sin sentirse cohibido o perseguido por la mirada del padre, empezó a no necesitar la aprobación de la madre, a tener sus propios amigos y privilegiar ese vinculo por encima del que tenía con Claudia. Ésta sabía que era lo mejor para él, lo más adecuado, orgánico, necesario y normal, pero en el fondo se sentía vacía, ya no tenía a quien dedicarse, a quien contener, solo a sus pacientes, pero la contención que estos necesitaban y que ella les brindaba, era mecánica y momentánea, así tenía que ser las relación medico-paciente, que igual a veces le daba ciertas satisfacciones o amarguras, dependiendo del día.
Necesitaba algo más, pero no quería tener una pareja, la horrorizaba repetir el mismo patrón de conducta, caer en otra relación tóxica, y nunca había sido buena para tener amistades, le costaba abrirse con los demás, las pocas veces que lo intentaba se sentía falsa, estúpida, desesperada, por eso nunca pasaba de conversaciones de una cotidianidad de lo más insulsa con la mayoría de sus colegas, así como con las enfermeras, solo trivialidades o consultas, nada intimo, nada trascendente, nada agradable, nada que pudiera convertirse en algo más, en una invitación aunque fuera a tomar mates. Eso la empezó a frustrar, sobre todo los días francos, las horas que no dormía las pasaba vagando por la casa, que no limpiaba porque tenía una señora que iba 3 veces a la semana, a veces pensaba si eso la entretendría, pero odiaba el trabajo de ama de casa, le parecía esclavo, tampoco le gustaba sentarse a ver series, le aburría tener que seguir una historia por más de 2 horas, y películas muy de vez en cuando, en general le resultaban absurdas o cursis.
Un día franco decidió que en vez de hacer 1 hora en la cinta eléctrica que tenía en la habitación, saldría a la laguna de la ciudad, y en una vez allá, comenzó a acelerar el paso, primero trotando y luego corriendo, la sensación de libertad, éxtasis,  la sorprendió, le gustaba sentir el viento en la cara, su respiración acelerada, su cuerpo en movimiento, era una energía atípica para ella, y le encantó experimentarla, recorrió toda la laguna y volvió trotando hasta su casa, bañada en sudor pero alegre, quería contarle a algo lo que acababa de vivir, pero se dio cuenta que no tenía a nadie que le interesará, su hijo la felicitaría esperando que con eso fuera suficiente para que seguirla escuchando, sus compañeras de trabajo menos, en el mejor de los casos también le darían una respuesta falsamente alentadora y cambiarían de tema. Por eso después de dudarlo por unos minutos, decidió googlear el club de corredores más cercano. 

sábado, 22 de septiembre de 2018

Encrucijadas de la vida /55)

Y aceptó salir con él, ser su pareja, no quería usar la palabra novios para definir lo que era, lo consideraba sinónimo de juventud. Se mudaron juntos, luego de que Laura alquilara su casa y con esa plata más la de Gustavo se costearán el alquiler de un departamento, cada uno con su espacio, con sus silencios, con sus angustias, frustraciones, se acompañaban, se escuchaban, aunque ninguno hablaba demasiado, les pesaban demasiadas cosas como para hacer que el otro las cargara, además lo consideraban algo inútil, lo que les había pasado en la vida, las decisiones que habían tomado, los errores, las tragedias, eran irreversibles, ambos a su modo trataban de olvidar, de construir algo nuevo, pero sin grandes expectativas. Solo querían acompañarse el uno al otro.
Laura a veces se sorprendía de no haber pensado en todo el día en su vida anterior, lo consideraba un triunfo, aunque sabía que al siguiente tal vez anduviera con la cara de Sofia pegada a sus pensamientos, o la de Benjamín, o Jorge, o Andrea, o su madre, pero lo toleraba, cuando llegaban trataba de mantenerse ocupada, de no forzarse por borrarlas porque era peor, sino aceptarlas como parte de su persona, convivir con ellas.