sábado, 22 de julio de 2017

Paraíso Accesible /13)

Vio como Francisco entre suspiros hacia las valijas, le hubiera dicho que dejara, que las podía hacer ella, pero sabía que él se enojaría, que le diría que no, que mejor ni hablara, que lo dejara tranquilo, que se quedará ahí sentada, quieta, como una nena, que mirara la televisión, que si quería revisara los cajones de las mesas de luz, a ver si no se había olvidado de guardar alguna crema, pastilla u otra cosa, por eso para ahorrarse esos reproches, se quedó callada, cumplía las expectativas de él, pero no como otras veces, para que este se sintiera en deuda con ella, en esa relación extorsiona que habían mantenido durante años, donde un día se portaba bien, y él la hacia sentirse querida, amada, la más hermosa de las mujeres, y luego todo volvía a ser igual.
Y si no me mató, ni lo mató, y si me divorció, qué haré, ser de esas mujeres que viven recordando a sus ex, criticando a su actual pareja, viendo como la gente me mira con lástima o con sorna, pensando en lo patética que soy, en lo infeliz, en lo frustrada, que soy incapaz de superar una separación, como si no pasara casi todo el mundo por una, que no sabían como Francisco me había aguantado tantos años, pobre hombre, semejante loca insoportable,demasiado la aguantó.
Pero tal vez no, tal vez me vuelva de esas mujeres que cambian de tipo como de calzones, que va a los bailes con ropa ajustada, toma, se ríe fuerte, habla de tamaños de vergas, etc.
No sé qué hago juzgando eso, yo no soy más digna, solo soy una infeliz que ni sabe lo que siente, porque ahora no lo sé.
Francisco no quiere seguir conmigo, no va a seguir conmigo, nos vamos a separar, me guste o no es así.
Sentía un extraño alivio, un alivio doloroso, como el que se siente después de vomitar, vacío, en ese instante no había nada, ese amor, obsesión, mezcla de dolor, alegría, frustración, deseo, y demás, que le generaba Francisco, ya no estaba, no había nada.

sábado, 15 de julio de 2017

Paraíso Accesibe /12)

-¿Nos vamos a ver alguna otra vez?
-Jajaja, qué frase, suena no sé a telenovela o a canción romántica, no sé, cachai, por ahí voy para allá, pero disfruta el momento, no podes hacer eso, disfrutar sin pensar por 1 minuto aunque sea.
-No, no, puedo, te quiero.
-Sos muy intenso.
-Mira qué novedad.
-Relájate, no sirve de nada que estemos planeando un futuro encuentro, vamos a aprovechar este.
-No sé, nos quedan qué, como mucho media hora.
-Y bueno, media hora, vamos a hacer algo que nunca hemos hecho, decirnos que es lo que menos os gusta del otro.
-Ah, hermoso.
-Y después lo que más nos gusta, empeza vos.
-Mmm no me gusta que seas tan diferente  mí en un montón de cosas, tan relajada, ya sabes que yo soy como los hámster en la ruedita.
Me gusta tu espontaneidad.
-Me gusta que seas un loquito del control.
No me gusta que seas un loquito del control, jajaja
Es tu mayor cualidad y tu mayor defecto.

Se sentó en una plaza, y le llamó la atención ver que ninguno de los jóvenes contemplaba el paisaje, o percibía más que involuntariamente la brisa, todo por estar con los ojos y los dedos encima del celular.
Es increíble como en 60 años desde que yo tenia la edad de ellos, el ser humano no ha combatido el hambre, las guerras, el cáncer, pero si el aburrimiento, aunque la forma de hacerlo fuera a través de automatizar, alienear y mecanizar a los seres humanos, todos hacen lo mismo, buscan lo mismo, disfrutan de lo mismo, son corderos.
Nadie lee más que comentarios y ahora ni siquiera eso, se la pasan enviándose emojis.
Juan desvió la vista hacia un árbol, un roble, recordó cuando se sentaba con Beatriz apoyando ambos su espalda contra el tronco, comentando alguna película o novela, mientras se miraban, se hacían alguna caricia inocente, él le corría un mechón de pelo o se lo enredaba en su indice, y ella le pasaba la mano por el suyo lleno de gel.
Cada día era más nostálgico, su realidad actual se le hacía tan gris, insulsa y escasa como su pelo, y cada cosa que veía más lo confirmaba en sus ideas, ya no quería seguir, no quería viajar, ni conocer, porque cada nueva cosa lo desalentaba, igual ahí estaba Beatriz, ella si seguía teniendo una gran vitalidad, más admirable ahora que la que tenia a los 20, porque quien no la tiene a esa edad, la cosa era conservarla a los 80.
Y ella la tenía, ella era su fuerza, y ella lo quería, si no como iba a seguir aguantándolo, sabía que se había vuelto gruñón, pesado, insoportable con los años, y que lo poco bueno que conservaba, era por ella, por su amor, dedicación, comprensión.
-¿Vamos a sentarnos contra ese roble?
-¿Nos podremos levantar, después?
-¿Qué importa?
-Estás como los chicos que tanto criticas.
-Bah, quiero recordar, nos queda otra cosa a esta altura.
-Si, un montón de cosas, yo no vivo en el pasado, Juan.
-Yo si, y quiero que por un ratito vos también.
-Está bien, qué duro que está esto Juan, dejate de joder, las raíces me van a destrozar.
-Aguanta un ratito.
-Ay ya basta, que después voy a terminar acalambrada por un capricho tuyo, terminala Juan, ya paso, fue muy lindo, peor no lo podemos repetir, de verdad cuando te pones así, me cansas, vamos, párate. 

sábado, 8 de julio de 2017

Paraíso Accesible /11)

Ya los hombres no la miraban, bueno, algunos si, pero no los jóvenes en general, sabía o había ido asumiendo que ya no era joven, que al pasar los 40 tenía que entrar en la madurez, y que después de eso solo le quedaba la vejez, lo odiaba, odiaba ese imposible retorno a la juventud, y esa irremediable cercanía a la vejez, no le quedaba otro consuelo que haber disfrutado de esos años ya pasados.
¿Los he disfrutado? no sé, bueno en parte si, no tuve que criar hijos, la mejor decisión que pude tomar fue esa, nada de 9 meses con algo dentro, nada de estrías, de hinchazones, de kilos de más, de tetas caídas, de desvelarme, de pañales meados, cagados, de talco, remedios, vacunas, y bueno todo lo demás, un hijo te caga la vida, esa presión social imbécil de que si no tenés un hijo no sos nada, qué estupidez, pero bueno no sé qué me quejo si yo no la hice, al contrario lo que tengo es que felicitarme, pero disfrute mis buenos años, mis 20, mis 30, más o menos, como lo podía disfrutar siendo Sara Ramirez, una martillera, pero si vamos a decir que fui feliz, más que todo por la comparación, no sé qué me quejó, si esto bien, viaje, conocí, tuve varios hombres, me enamore, por qué siento que me digo todas estas cosas para convencerme, como si me estuviera mintiendo en la cara, qué carajo me frustra, me amarga, me molesta, la soledad, en el fondo casi siempre estamos solos, y esos matrimonios como el señor ese Juan y su esposa que están juntos hace 50 años, no es algo para mí, nunca me aguante con nadie por más de 3.
Voy a ser una vieja quisquillosa, o peor, una vieja pintarrajeada, que hasta gasta lo poco que tiene en botox para verse más joven, para tratar de aparentar menos como sea, a pesar de que la cara se le vuelva un plástico inmundo, no, tengo que aprender a vivir con los años, como aprendí a vivir sola, aprendí a vivir sin hijos, aprender, o resignarse, a veces parece que fuera lo mismo.
Ahora soy una tía, la tía Sara, la ladera de esta pendeja boluda, que igual no es tan diferente a como era yo a su edad, nada más que con un celular que no suelta ni para cagar.
Y ahora quiero ver si todavía consigo conquistar algo.
El sexo, siempre la había ayudado a liberarse, el contacto con otra persona, el sentirse deseada, tocada, besada, lamida, le generaba una satisfacción y una paz consigo misma que no conseguía de otra manera. 
Pero eso no me va a durar, dentro de un tiempo tendré que canalizar mis deseos, tendré que buscar otra forma de satisfacción, jugare al bingo o aprenderé idiomas.
Se río, y luego se miró al espejo, el dinero que gastaba en cremas, era una buena inversión, las patas de gallo todavía no aparecían, ni las bolsitas en la parte inferior de los parpados, ni el arco alrededor de la nariz, se conservaba, y por ahora no tenia que preocuparse, debía hacer como todos, vivir el presente, que era lo único que había, nadie pensaba en el mañana, y era lo mejor, ya que era la única forma de seguir viviendo. 

sábado, 1 de julio de 2017

Paraíso Accesible /10)

No sabía cuanta gente había conocido a lo largo de los años, y si bien había empezado por hacerle un favor a su padre, para que no tuviera que pagarle prestaciones a un guía profesional, con el tiempo le tomó el gusto a eso de los viajes y conocer pasajeros, pero todo se había tornado mecánico, incluso la gente, en el fondo todos entraban en alguna categoría, con tragedias, tristezas, o alegrías parecidas, otros con vidas tan insulsas que nada bueno o malo digno de comentar, les había sucedido, con motivos para hacer el viaje similares, además a muchos no les interesaba hablar con ella, más que para preguntarles alguna cosa con respecto a la hora de salida, o alguna dirección, por eso se había ido volviendo una especie de maestra de primaría, una coraza, esa gente estaba bajo su conducción, eran como ovejas, cuando salían, era como si pastaran, ya estaba cansada de escucharlos, de verlos, de olerlos, pero tenia 45 años, no había seguido ninguna carrera, salvó un curso en computación y otro en ingles, pero tampoco se veía dentro de una oficina, le gustaba viajar, y un poco mandar, esa gente tenía que hacer lo que ella les dijera, aunque no les gustará, tenía control sobre ellos, era una especie de jefa en el micro, y todos debían obedecerla, pero hasta eso ya no lo disfrutaba tanto, qué satisfacción le podía generar controlar a gente anciana en su mayoría, o a otros fastidiados que solo viajaban en ese medio de transporte, porque no las alcanzaba para pagarse un vuelo.
Eso era lo que hacía y si bien ahora hacía un viaje cada mes y medio, tenia empelados que se ocupaban del resto, el negocio iba mal, cada vez menos gente elegía viajar en micro y prefería el avión, tendrían que cerrar en 1 año o 2, y qué haría entonces, no sabía, ella que siempre planificaba todo durante el viaje con lujo de detalles, que siempre era la primera en llegar a cada destino, a cada restaurante a cada comedor de hotel, no sabía qué haría luego, no sabía a qué se dedicaría por los próximos años, que eran muchos los que le faltaban para jubilarse, pero que no era una jovencita para empezar de nuevo, ni siquiera una persona joven, era ya alguien de edad media, o por llegar a ella, la mayoría de la gente de su edad o tenía un trabajo fijo desde hacía mínimo 10 o 15 años, o tenía una profesión que les permitía vivir por sus propios medio o vivía de planes sociales, por la parva de hijos que habían tenido.
Leonela no entraba en ninguna de esas categoría, y no sabía qué hacer consigo misma.
Tal vez debería abrirme un asilo, experiencia con viejos tengo. 

Paraíso Accesible /9)

No le costó mucho, a Francisco, evitar la puntada, vio que Mara se acercaba y creía que le iba a pegar o a abrazarlo, ya estaba mentalmente preparado para esquivarla, cuando noto que ésta levaba su brazo y que tenía una tijera abierta sobre la mano, le tomó el antebrazo y se lo apretó con la suficiente fuerza como para que soltara la tijera.
Suspiró, y cuando ella empezó a gimotear, y a decir que se quería morir, la llevo hasta el baño, ella dócil como una niña se dejó hacer, la sentó sobre el pequeño cubículo donde se duchaban y abrió la ducha, el agua fría comenzó a caer, en el hotel ninguno de los 2 baños que se había dado hasta entonces, el agua había estado casi helada, aunque esa deficiencia le pareció como caída del cielo en las actuales circunstancias, lo que necesitaba Mara era despabilar.
Aunque mejor le vendría una ducha mental, o congelarla por 3 o 4 décadas, hasta que yo esté bajo tierra, así agarra a otro infeliz a quien hincharle las pelotas y cagarle la vida.
Ella se quedó en posición fetal, seguía llorando.
Francisco fue hasta la habitación, rebuscó en la valija la tableta de valiums, siemrpe llevaba una por si a Mara le agarraban uno de sus arranques, tendría que inventar que estaba descompuesta, no podría ir a una de las excursiones, o si...
Por qué mierda tengo que quedarme con esta loca de mierda, mah si, yo le meto la pastilla entera, se va a dormir por lo menos 12 horas y no va a joder a nadie, ni a intentar nada, cuando pregunten por ella, les digo que tenía dolor de cabeza o cualquier boludez, total, quien la va a extrañar.
Matió la tableta de pastillas en el bolsillo trasero de su jean, buscó la botella de agua mineral que tenía sobre la mesa de luz, luego tomó una de las toallas dobladas que había sobre el borde inferior de la cama, entró de vuelta al baño, cerro la canilla de la ducha, Mara estaba temblando, y en su cara el agua se mezclaba con mocos y lagrimas.
Francisco la rodeó y le puso la toalla sobre la espalda, le secó los brazos, y luego se la ajustó por encima de sus pechos, antes de sacarla del baño, buscó papel higiénico y le limpió la ara de las lagrimas y mucosidad, la llevó agarrandole los hombros hasta la cama, la sentó en el medio de la misma, y luego le acercó un valium, que está miro sin ver, y luego trago, tomó un poco de agua que le acercó Francisco y se quedó ahí, sentada, este buscó en los cajones la ropa interior de Mara, odiaba que ella siempre deshiciera las valijas, aunque solo fueran a pasar días en Chile, luego agarró la primer bombacha que encontró, y se la colocó, después buscó el camisón, que siempre ponía debajo de la almohada, se lo puso también, y la acostó.
Una parte de él, una vez que se cambió, peinó, sacó la llave y salió, deseó que se despertara y se matara, que esa fuera la última vez que la veía y oía, pro sabía que no, y que si lo hacía no podría vivir con la culpa, aunque tampoco podía seguir viviendo así, no podía reprocharle que lo quisiera matar, ya que él aunque por diferentes razones, quería hacer lo mismo con ella. 

sábado, 17 de junio de 2017

Paraíso Accesible /8)

Otras veces le había dicho cosas parecidas, pero solapadas, y de una forma poco convincente, esta no, esta era la definitiva, lo sentía, no solo en su tono, sino en la imagen que en su mirada, en su actitud corporal, y sobre todo en la imagen que Francisco le devolvía, y lo sentía en su propio cuerpo, era el fin, la dejaría, se separarían, dejaría de dormir con él, de sentir su olor, de escuchar su voz, de tener su presencia a su lado, ya no podría ser su ladera, su sombra, su extensión, quería cortarla, dejarla, extirparla, quitársela de encima. Quiere matarme, hijo de puta, querés matarme, lo pensó, pero se reprimió con todas sus fuerzas de decirlo, no quería que él le dijera una mentira para calmarla, o un reproche para hacerla sentir culpable, quería mantener su furia, su bronca, su odio, y su decisión, la que acababa de tomar, si todo estaba terminado, entonces que así fuera, pero con ambos, querés que me muera, está bien, pero te vas conmigo, te moría acá, junto a mí, esto se terminó, pero todo, hasta la muerte, punto, ya está, ya está. 
Se acercó a su cartera, fingiendo que buscaba un pañuelo de papel, y removió en su interior, sus dedos nerviosos toquetearon el labial, el delineador, una cadenita rota, un par de tickets, el cargador del celular, y por fin la tijera, siempre llevaba una para cortarse las puntas del pelo o para cortar los hilos, nunca usaba los dientes, ya que su madre la cacheteaba cada vez que lo hacia, usa la tijera le había repetido innumerables veces, y ahora esa frase se le antojó la indicada, la profética, la necesaria, usa la tijera, si una buena puntada en la yugular y Francisco moriría, no tenia que voltear a verlo después, solo la puntada, y luego dirigirla hacia su propio cuello y dibujarse una sonrisa, o mejor delinearla, porque ya estaba ahí, era la sonrisa de la felicidad, del reencuentro, porque aunque no hubiera cielo, ni infierno, si tenia que haber algo, aunque sea un momento después de morir, las almas antes de diluirse saldrían de los cuerpos sin vida y se unirían, una a la otra, si, eso tenia que hacer.
Abrió la tijera, se acercó a Francisco que estaba a pocos metros fumando sobre la ventana y expulsando el humo hacia el exterior, Mara, levantó el brazo derecho...





sábado, 10 de junio de 2017

Paraíso Accesible /7)

Fue el único que se metió en el mar, no hacia frío, apenas estaba fresco, pero nadie tenia intenciones de entrar al agua, que una vez dentro comprobó que estaba muy fría, ya le había dicho que el pacifico era todavía más frío que el atlántico, pero Fernando quería sentirlo sobre su cuerpo, estuvo unos minutos y salió, no sabía que tenía el mar que le provocaba sentimientos encontrados, por un lado le fascinaba su inmensidad, su poder, su vigor, y por el otro odiaba su olor, su sabor salobre, pero siempre que podía iba a una playa, aunque fuera una de esas insulsas, frías y sucias playas de su país, las cuales en general odiaba, sobre todo las más populares como Mar del Plata.
Al salir del mar, colocó una toalla sobre sus hombros y se sentó a ver las olas, las pocas que había, no le llamaban pacifico por nada, realmente el mar era calmo.
Le habría gustado ser escritor o pintor, para poder retratar la belleza y la admiración que le provocaba ese paisaje, pero los intentos que había hecho en la adolescencia y juventud, solo lo habían frustrado y amargado, no era artista, nunca lo sería, no tenia el talento, el temple o la dedicación para ello, se tendría que conformar siendo solo un admirador, ni siquiera llegaba a ser como esos mediocres que vendían sus malos dibujos o pinturas en el malecón.

Ese mundo que los rodeaba, cada día era menos el suyo, le costaba creer como ahora todos estaban pendientes de sus aparatos "inteligentes", como se pasaban el día wasapeando, o mandando audio de voz, sacandose autoretrados que llamaban selfies, o posteando intrascendencias, y era un fenómeno viral, otra palabra de moda en los últimos años, todo era la tecnología, el celular se había ido apoderando cada vez más de las personas, se había convertido en un objeto imprescindible, era como si nadie pudiera vivir sin tener uno, algo así como llevar calzado.
Juan se sentía un extraño, un fuera de lugar, lo que ahora se denominaba un outsider.
Tal vez debía convertirse en un viejo gruñón, que despotricaba contra todos los adelantos y anhelaba otros tiempos, diciendo que todo pasado fue mejor, siempre se había burlado de esa gente, era un hombre que creía realmente en el progreso, pero ahora dudaba si ese progreso era real, o solo una quimera, que lo que alguna vez había servido, solo se había transformado en simple mercadotecnia, no veia la utilidad de las selfies, ni del wasap, ni de las diferentes app.
Tal vez era algo natural, la vejez lo aislaba, y debía aceptarlo, y recluirse en un rincón, su pequeño rincón en el mundo y pasar ahí sus últimos años, junto a Olga, aunque ella si aceptaba y entendía todos los artilugios modernos, y eso más que la rutina, y todos los desgaste que esta traía, los estaba alejando.