sábado, 18 de noviembre de 2017

Encrucijadas de la vida /12)

Estaba harta de su trabajo, al principio si había sido por vocación, creía que lo suyo era enseñar, pero repetir cosas o tratar de que otros aprendieran le terminó resultando algo repetitivo y agotador, así que cuando pudo, aplicó para ser directora y lo consiguió, aunque ese trabajo también la aburría, administrar un colegio, supervisar que todo saliera lo mejor posible, también la agotaba o más que agotarla, la aburría, igual le gustaba el poder, el respeto aunque sea de la boca para fuera que las maestras se veían obligadas a tenerle.
Cuando pudo, aplicó para inspectora y quedó, ese era el trabajo más fácil que había tenido, solo ir y llenar papeles, avisando antes a la directora, para que ésta metiera la mugre bajo la alfombra y todo se viera perfecto a sus ojos, básicamente solo tenía que tomar café, hacer preguntas que ya quien las contestaba tenía estudiadas sus respuestas, y poco más.
Solo la agotaba un poco viajar, pero a pesar de lo monótono del paisaje, verde y vacas, sembrados, tractores y poco más, la relajaba, le gustaba manejar en el medio de la nada, era como un sueño, aunque no siempre se desconectaba de lo que debía hacer al llegar, estaba pendiente de su maquillaje, su peinado, de recordar el nombre de la directora, de haber puesto bien la dirección del colegio en el CPS.
Pero a pesar de todo eso, al llegar y sentirse agasajada, le hinchaba su ego, su vanidad, eso era lo que se sentía tener un cargo que impregnaba respeto, y el respeto venía del miedo a ser despedido, en parte era como jefa de todos los colegios que inspeccionaba, por eso cuando veía las cosas mal en algunos, no dudaba en reportarlo, no tanto por ser consecuente con su trabajo, sino para que no menoscabaran su autoridad, que supieran que con ella no podían joder, que no dejaba pasar cualquier cosa, y que si iban a adornar algunas, no lo hicieran tapando el sol con un dedo. 
En el colegio que llegó, había un gran alboroto, cuando Laura preguntó  por qué, le dijeron que era porque habían contratado como profesor de gimnasia al ex futbolista Gustavo Terranova. 

sábado, 11 de noviembre de 2017

Encrucijadas de la vida /11)

Nunca olvidaría el impacto, los vidrios rotos, la sangre, el chirrido de los neumáticos sobre el asfalto, los gritos, los llantos, las bocinas de la ambulancia, el dolor físico, las preguntas, las miradas.
Habían pasado 6 años, pero seguía recordándolo, 6 años desde que su carrera como futbolista se había acabado, 6 años desde que había salido y recaído innumerables veces en el alcohol y la droga, 6 años en que solo veía a su hijo a través de fotos, 6 años donde había pasado de ser Gustavo Terrranova, el Terra, un ídolo a ser el alcohólico drogadicto responsable de un accidente donde había muerto su esposa.
En esos 6 años se había puesto muchísimas veces una pistola en la sien, pero nunca había tenido el coraje de apretar el gatillo, aunque de cierta forma lo revitalizaba sentir el metal sobre sus manos, oler la pólvora, saber que estaba tan cerca de acabar con todo, era algo que le daba la energía necesaria para afrontar otro día, saber que pasar lo que pasara, podía volver a tomar la pistola y acabar con todo. Pero de tanto repetirlo, ya había perdido su efecto, ya no sentía lo mismo, y estaba seguro que no tendría el coraje para hacerlo, se había vuelto una rutina, como cepillarse los dientes antes de acostarse, o lavarse la cara al levantarse.
Esa noche, decidió por primera vez en casi 6 años, desde que le dieran de alta del hospital luego de recuperarse de las heridas ocasionadas por el accidente, de no cargar la pistola y ponerla sobre su sien, fue otro objeto el que agarró, un despertador, no confiaba en la alarma del celular, y no le gustaba ninguno de los tonos que le proponía, no sonaban lo suficientemente molestos para despertarlo, y quería llegar temprano a su nuevo trabajo.

Encrucijadas de la Vida /10)

Tenía que cambiar los colores, ya que siempre se le venían a la mente el rojo y el negro, y todas sus pinturas se verían iguales, cosa que odiaba, porque no quería repetir siempre lo mismo, ya consideraba que la vida era una repetición patética y engañosa, como para que el arte la imitara en eso también.
Esmeralda consideraba que el arte debía embellecer, aunque mostrara algo brutal, cosa que en general sus pinturas no hacían, no le interesaba retratar miserias morales o sociales, en general sus cuadros eran paisajes, que escondían algo perturbador, a veces solo por los colores usados para transmitirlo, otras naturalezas muertas, pero lo más sórdido y obvio que había pintado en su vida, eran frutas pudriéndose, agusanadas, perdiendo la forma, a muchos críticos les había gustado, peor para ella era uno de sus peores cuadros.
Siempre pensaba en su misma como un gusano, su madre había muerto durante el padre, y aunque su padre nunca se lo dijera directamente, desde los 7 años, había comprendido que la culpaba por su muerte, con sus silencios, sus miradas, y sobre todo con su indiferencia.
Al principio trato de gustarle a su padre, consideraba que era el único que la podía querer por lo que era ella, y no por su dinero, pero al no conseguirlo comenzó a odiarlo y a mostrarse igual de indiferente que como él lo era con ella.
Pero el vacío persistía, a ausencia de amor, de empatía, lo más parecido a eso que tenía eran las sonrisas serviles de las empleadas de su padre o de sus compañeras de colegio, solo para ir a su piscina, o que las llevara a su casa en Puta del Este, o viajaran en su avión privado, por un tiempo fingió que eso le gustaba, pero pronto se alejó de todas ellas, esas charlas falsas que intentaban con ella la angustiaban y deprimían más que la soledad.
A los 15 empezó a pincharse, no quería cortarse, ni intentar suicidarse, porque sabía que si lo hacía terminaría internada, además estaba harta de ser el cliché de la pobre niña rica, y haciendo eso solo iba a conseguir ser internada en una clínica donde serían todavía más serviles y falsos que en su casa.
Por eso se refugió en la pintura, empezó a leer sobre los cuadros que su padre había comprado, este tenía un gran colación, aunque no le interesaba particularmente el arte plástico, lo veía como una inversión y se había encargado de contar con buenos asesores.
Esmeralda quedó fascinada con las técnicas pictóricas, y decidió que seguiría artes plásticas, pero antes de entrar en la universidad, se cambió el apellido por el de su madre, no quería que nadie en la clase le recordará de quien era hija o tener algún tipo de condescendencia, o al revés envidias y resentimientos, era lo que su apellido y estatus solía provocar en las personas.
Se convirtió en la mejor de su clase, y aunque siempre había sido insegura, su conocimiento de artes, la llevó a darse cuenta que lo que sus profesores le decían, no era mentira, sus dibujos y pinturas eran mejor que el de sus compañeros.
Su vida sería esa, su burbuja, los lienzos, la carbonilla, a veces algún lápiz, los pinceles, las acuarelas, le gustaba el olor de todo eso, y le gustaba crear, sentir que hacía algo bien, que creaba belleza.
Un dí un muchacho se acercó a ella, era hermoso, le hubiera gustado tener papel y lápiz para dibujarlo en ese momento pero no sabía si hubiera podido, ya que sus manos le temblaban, y tuvo que hacer un esfuerzo para darle la mano cuando él se presentó.
-Benjamín, un gusto.

sábado, 21 de octubre de 2017

Encrucijadas de la vida /9)

Desde que en la adolescencia se diera cuenta que era homosexual, había decidido mantenerlo en secreto, ser un tapado, pero eso no significaba que quisiera reprimir su contacto con los hombres, por lo que la mayoría de los tipos con los que había estado, se aseguraba que primero no se involucraran demás, para eso en general los stalkeba, revisaba sus posteos en face, o si se daba el raro caso de que sus redes sociales estuviera prácticamente vacías, los estudiaba de lejos, veía como se vestían, como reaccionaban a la mirada de los demás, como se desempeñaban en su cotidianidad, y después decidía si se acostaba con ellos o no, porque sabía que una cosa era ser claro con a, nunca le había prometido a ningún tipo otra cosa que sexo y siempre remarcando que sol eso buscaba, pero por más directo y sincero que fuera, sabía que había gente que igual "flasheaba" y de esos siempre se había cuidado.
Pero ahora andaba con otro tapado como él, nada raro, prefería verse con iguales, porque sabí que estos no le reclamarían nada, ni se sentirían incomodo con él, pero llevaba varias veces repitiendo, algo muy poco usual en Benjamín, que no solía verse más de 3 veces con el mismo hombre, pero Lucas le gustaba, no solo le atraía y tenía muchísima química sexual con él, sino que lo pesaba durante el día, y no solo cuando andaba caliente, sentía deseos de abrazarlo, de besarlo, de compartir una charla con él, pero no se lo iba a permitir, no se lo podía permitir, si lo hacía luego tendría que resignar su relación con Esmeralda, resignar el trabajo que tenía apalabrado con su suegro, resignar la vida que había proyectado, por algo inútil, algo estéril, cursi, y perecedero como un posible y vago amor, encima con otro tipo que no resignaría su status de galán de telenovelas, con el dinero y la popularidad que esto traía, y si lo hiciera (que no) no habría día que no se lo reprochara, tal vez no siempre con palabras, eso solo surgiría durante las discusiones, pero si con pequeños gestos, dejándolo entender, suspiros, miradas, estados de animo, y más con lo narcisistas que eran los actores, renunciar a lo que podría llegar a ser su carrera, era como si le amputaran un brazo o un pierna, no, nunca podría hacerlo, y él tampoco, tenía que dejar que esos deseos se aplacaran solos.


sábado, 14 de octubre de 2017

Encrucijadas de la vida /8)

Se había repetido innumerables veces que no tenía derecho, que ella había decidido abandonar a su marido y a sus hijas, que era algo imperdonable y que su castigo era vivir con las consecuencias.
Pero quería verlas, no solo por fotos, gracias a facebook sabía como eran en la actualidad, a que se dedicaban, donde y como vivían, pero eso no era suficiente, necesitaba hablarles,  necesitaba que la escucharan, que aunque fuera la escupieran, sabía que eso era lo que merecía.
No usaría su cáncer como escusa, ni su vejez, tenía que mostrarse fuerte y entera para que sus hijas no sintieran lástima, prefería el odio, para saber que todavía era una persona que podía resistirlo, y no un despojo que necesitaba de compasión, no quería hacerles pasar a sus hijas por ese castigo, el tener que ser hipócritas y expresarle una pena revestida de falso cariño.
Entonces para qué voy, mejor las dejo tranquilas, que nunca más piensen en mí, que no sepan si me morí o como he vivido todos estos años, este tipo de cosas lo único que hacen es hurgar en heridas del pasado.
Por ahora haría eso, ahora, no tenía otra cosa que el presente, no era que podía inventarse a sí misma que lo haría dentro de un año, porque probablemente estuviera muerta, así que se tenía que conformar con el por ahora.

sábado, 7 de octubre de 2017

Encrucijadas de la vida /7)

En apariencia todo lucía igual, impecable, prolijo, nada se diferencia a cuando él se fuera a la mañana, pero sabía que algo faltaba.
Corrió a la habitación, y encontró lo que en el fondo esperaba, el lado de su mujer con la mayoría de las perchas vacías, solo se conservaban los vestidos que él le había regalado.
También en la parte inferior, estaban los zapatos, y luego en la cómoda, en el joyero, todas sus joyas.
No grito, ni lloró, solo su respiración y ritmo cardíaco se aceleraron por un momento que enseguida controló.
Muy bien, te fuiste, te tengo que encontrar, listo.
Victor solo pensaba en los problemas, si veía soluciones, si no las había, dejaba de pensar en el problema, aunque en el fondo de su ser esa aparente indiferencia era odio, no soportaba no poder afrontar ciertas complicaciones o dificultades. Pero ésta no era una de ellas, encontrar a Claudia sería fácil, algunas llamadas y tendría el lugar exacto donde estaba.
Se sonrió, se miró en el espejo de la habitación, tomó su cepillo y se lo pasó por sobre su brilloso y bien peinado cabello.
A la noche sabía donde comenzaría a trabajar Claudia a partir de la semana que viene, una ciudad del interior a la que conocía solo de nombre, también conocía su dirección, busco en googlee stret view la misma.
Ay Claudia, si, esa casa va con vos.
Se dijo con irónica resignación.
Esa chia de jean y remera gris, con una cola, apuntando todo lo que decía el profesor. 
Esa chica a la que él le habló al verla sentada en el bar que estaba a media cuadra de la universidad, esa chica que todo lo hacía de forma tímida, caminar, hablar, sonreír, mirar, como si pidiera perdón solo por existir.
Esa chica era la que él quería para su vida, y había sido todo lo que había esperado.

Encrucijadas de la Vida /6)

Sabía que lo que pensaba decirle a Silvina, la iba a destruir, siempre lo había querido, estado con él para lo que quisiera, y hecho lo que él esperaba que hiciera.
Sabía que Silvina había amado y dado mucho más que él, algo que consideraba un triunfo en parte, la apreciaba, incluso la quiso mucho, pero nunca la amo de esa forma ferviente y hasta sacrificada por momentos como lo había hecho ella, ese amor solo lo había sentido una vez, y esperaba nunca volverlo a sentir.
Silvina me tomara como un cínico hijo de puta, porque no se lo espera, porque no ha querido ver los indicios, nunca se ven cuando se siente lo que ella por mí.
El lugar elegido, su propia ropa, eran para hacer la ruptura menos sórdida y patética de lo que era, Marcos creía que había cosas malas, desagradables y asquerosas en la vida, que eran inevitables, pero que siempre eran mejor sufrirlas en un buen ambiente, que en uno malo, vomitar en el pozo de una letrina era mucho más deprimente y sórdido, que hacerlo en un baño limpio, acogedor, rodeado del perfume de un jabón de marca.
Pero sabía que Silvina no lo entendería.
Va a creer que lo hago por crueldad, querrá verme como el malo, me odiara,  querrá perjudicarme, ojalá no lo haga, la única que va a terminar mal es ella.
Le dijo una frase hecha, un lugar común, un cliché.
-Lo mejor es que nos separemos.
Vio su mirada, eso fue lo que más lo entristeció, su mirada, antes del llanto involuntario, de las lagrimas, de la mueca de dolor dibujada en su cara, fueron sus ojos, los que revelaban el dolor por la traición, por el fin, por lo que nunca sería, por lo roto.
Si hubiera sido otro hombre, en ese momento habría agarrado su mano y pedido perdón, incluso arrodillado, rogado, la podría haber besado, acariciado, contenido, decirle que había sido solo un arranque, un momento estúpido, una equivocación, que por favor lo perdonara.
Eso si habría sido perverso, el sentimentalismo culposo es algo inmundo, en lo que caen la mayoría de las personas, por culpa condenan al otro y a sí mismos a la infelicidad, no, yo no soy así, nunca seré así, lo que está mal o no sirve, hay que cortarlo, no hay que mantenerlo para no sentir dolor y que te vaya consumiendo de a poco, eso es de cobarde.
Hasta le alegro escuchar la patética amenaza que le echó antes de irse.
Luchara, bien por ella, por lo menos no irá a intentar suicidarse.
Por un momento, la admiro.