sábado, 12 de marzo de 2022

Un nuevo comienzo /1)

Quería un cambio en su vida. A dos meses de cumplir treinta sentía que todo en su existencia transcurría como por inercia. Trabajos mecánicos, con un horario fijo, vistiendo uniforme y con el pelo atado en una cola de caballo. Y, cuando el gerente se ponía exigente, usando la gorra con el logo de la empresa. Primero en un supermercado: llegar temprano un día tras otro, esperar en la puerta frente a los colores chirriantes de la luminaria con el nombre de la empresa. Adentro: reponer, limpiar, estar en la caja, ayudar a los clientes a entender los descuentos, a pagar con las billeteras virtuales, a descargarse la aplicación. Lo mismo en la estación de servicio, a lo que se añadía el permanente olor a nafta y gasoil impregnado en la nariz. Encima, los días que había alguna promoción, los dedos le quedaban ampollados de tanto usar el surtidor. Creyó que al no tener que lidiar con clientes, la textil sería mejor. Pero no. Solo era diferente. El ruido constante, las telas, el revisar costuras, y ser como una máquina más aunque sin su eficiencia. Tuvo que renunciar después de que una tarde tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no ponerse a gritar porque el zumbido permanente de las máquinas, a pesar de los tapones, la estaba enloqueciendo. Llegó a su casa, se vio en el espejo: las ojeras, la palidez, aparentaba y se sentía como una mujer del doble de su edad. 
Carolina ya estaba harta de esa nada, de ver como su hermana si había seguido una carrera, casado y tenido hijos, de que hubiera sido la preferida de la madre, o se había ido convirtiendo en la preferida, sobre todo, luego de que Carolina decidiera no seguir estudiando.
Decidió que no podía seguir viviendo con su madre, ya que esta aunque no le reprochara nada, por lo menos no con palabras, era obvio que ella la decepcionaba.
Para salir de esto, solicitó y logró que la contratarán en un hotel 3 estrellas en Carlos Paz por la temporada, con opción de quedar en planta permanente.