No sabía si hacer esta entrevista o no, porque sé la opinión de mi abuela. Odia lo que hizo mi madre, pero por como ha venido la cosa hasta ahora, tal vez sea una de las pocas voces, o la única, (espero que no), que le aporte algo interesante al documental.
-Primero y espero que pases esto que te voy a decir.
-No te preocupes, tenés mi palabra.
-Bueno, me parece una bajeza, una porquería que andes ventilando algo así, y no me vengas con excusas. Lo haces por morbo, por venganza o no sé, pero a mí me parece algo asqueroso.
-Okey, es tu opinión. ¿Por qué aceptaste entonces la entrevista?
-Porque creo que soy la persona que más conoció a tu madre, y la única que puede hablar con propiedad sobre el tema.
- ¿Y para vos por qué lo hizo?
-Por estúpida y por egoísta. Quería trascender por algo, tu mamá en el fondo nunca supo lo que quería, no estaba cómoda, no estaba bien, creo que tu abuelo y yo tendríamos haberla llevado a un psiquiatra. Pero no lo quisimos ver en ese momento, ella decía que estaba bien, y qué sé yo, tampoco era que se arrancaba los pelos o que gritaba como una loca.
Pero a lo que voy, si esperas encontrar un gran motivo, una historia secreta, oculta o como la quieras nombrar, lo siento peor no la hay.
Cuando apagamos las cámaras, las lagrimas que mi abuela con mucho esfuerzo había contenido, se derramaron. No rompió en llanto, se las limpió y apretó los labios.
En su expresión había odio, tanto por mi madre como por sí misma, por no haberla podido ayudar. Nunca le iba a perdonar a mamá su suicidio, ni se iba a perdonar a sí misma el no haberlo evitado. Era algo con lo que cargaría toda la vida y con lo que en parte se regodeaba. Su cruz, su mal, con lo que se despertaba y se pasaba el día masticando hasta que se acostaba.
En su expresión había odio, tanto por mi madre como por sí misma, por no haberla podido ayudar. Nunca le iba a perdonar a mamá su suicidio, ni se iba a perdonar a sí misma el no haberlo evitado. Era algo con lo que cargaría toda la vida y con lo que en parte se regodeaba. Su cruz, su mal, con lo que se despertaba y se pasaba el día masticando hasta que se acostaba.
Mi abuela cargaba el mal de odiar algo que no podía cambiar.
Tal vez mi madre también.