Levitaba, al llegar al ascensor tenía ganas de gritar de felicidad. Con una sonrisa de oreja a oreja. Ya dentro de mi depa, me puse los auriculares y empecé a escuchar canciones cursis, alegres, bailables. Mientras me sacaba el maquillaje y me desvestía.
Estaba tan entusiasmada que apenas pegue el ojo.
Me puse tarareando una canción de Palito Ortega: La felicidad.
Ahora la verdad que todo eso me provoca sentimientos encontrados, por un lado cuando una cree ser feliz, hace todas las ridiculeces posibles, y se siente impune cometiéndolas. Pero luego cuando esa sensación pasa, uno no sabe dónde esconder la cabeza, o mejor dicho los recuerdos, pero tenía que hacerlo, no solo como se dice para no caer en los mismos errores, sino para...todavía no estoy segura de para qué.
Todo ese día, estuve de un humor bipolar, por momentos alegre y por otros ansiosa de que no me llamara o mandara un WhatsApp.
A la tarde, la sonrisa se me había transformado en una cara de culo bárbara. Justo cuando estaba agarrando la cartera para irme a casa a llorar y putearlo en voz baja, me llamó.
-Perdóname, es que el celular se me calló y no anduvo, tuve que comprar otro, ponerle la batería. Ya sabes, un embole.
Enseguida le creí, después, cuando nos vimos, le pedí el celular para comprobarlo, era otro, no iba a inventar una mentira que se fuera a caer enseguida, supongo que lo hizo para oír mi tono de voz, y si era como esperaba, estaba enojada, no preocupada de lo que le podría haber pasado. A ese nivel de estupidez y sumisión no había llegado.
Cuando nos vimos, me esperaba con una rosa, no un ramo. Ya me había calado, sabía que si se aparecía con un ramo me iba a parecer algo increíblemente cursi, e iba empezar a sospechar que lo del celular era una mentira. Si me había mentido sobre eso, era porque algo quería tapar.
Tomé la rosa y la olí, sí, más cliché imposible, nuestro romance no tuvo nada de original.
Me invitó a cenar a una pizzería. Me pareció perfecto, ya que no tenía ganas de ir al depa a cambiarme, maquillarme y salir de vuelta. Además se iba a hacer muy tarde, odio cenar tarde.
De vuelta le dije que pasará, la verdad no tanto porque me enloqueciera acostarme con él, sino para que si tenía a otra por ahí, cagarle la noche, ya sé, una idiota, un tipo si tiene otra, no vale nada, pero en ese momento no sé qué me agarro y quería competir contra alguien, sin saber que obviamente, lo estaba haciendo contra mí misma.
sábado, 7 de agosto de 2021
Aventura /3)
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