sábado, 14 de agosto de 2021

Aventura /4)

 En la cama fue bastante bueno. A diferencia de otros, se acordó de que las mujeres tenemos un clítoris y que si quieren que una tenga un orgasmo real y no les ande fingiendo se tiene que aplicar en esa área. Hasta termine llevándome la mano a los labios, para no ponerme a gemir. Las paredes de mi depa, son de cartón.
Le tuve que devolver el favor haciéndole un oral. Sueno a prostituta diciendo oral, pero bueno, nunca me ha gustado mucho chuparle la pija a un tipo, pero si a una le lamen el clítoris, no se puede andar haciendo la remilgada.
Después tuvimos sexo de la más convencional obviamente. Estuvo lindo, nada del otro mundo, pero bien.
Lo que más me gustó fue dormir con él. Tal vez porque había pasado un montón de tiempo desde la última vez. Obvio estaba tan feliz que ni pensé que en que se tiene menos espacio en la cama, y otras varias cosas desafortunadas de dormir con otro. 
Me levanté antes que él y le prepare el desayuno. Eso le encantó, pero después de tomar el café y comer las tostadas untadas en manteca y mermelada, no se ofreció a la lavar ni una taza, ni siquiera a pasar las manos para barrer las migas de las sabanas.
Pero esos detalles los pasé por alto.
Después de esa vez, día por medio se quedaba conmigo. Las veces que le hice el tiro de que fuéramos a su depa, se hizo el boludo y salió con excusas: no, porque es muy chico, muy feo, muy viejo. Poco le faltó para describirme una cueva.
Al mes más o menos del ir y venir, le ofrecí una llave. La verdad es que a pesar de que no me ayudaba en nada, me sentía contenida a su lado, en ese momento sentía su autoritarismo y esa cosa de macho dominador, como una forma de protección. Ya sé, tantas han caído en eso y las que seguirán cayendo.
Poco a poco me fui transformando, empecé a cambiar mis comidas por las que le gustaban a él, que eran más al horno o hervidas, que fritas. También más vegetales o pastas, que carne o pollo. Los pocos muebles que tenía, los cambió de lugar.
Me registró en un gimnasio, no el mismo al que iba él, porque según me dijo era solo para hombres y yo le creí, valga la redundancia.
Como quién no quiere la cosa, también me sugirió que me tiñera un color más claro, castaño ceniza, tirando a rubio. Que usará ropa más atrevida, zapatos con tacos más altos.
-Los colores claros siempre benefician la cara, mi amor.
-No quiero ser otra morocha arrepentida.
-Créeme, te queda mejor, dame el gusto, dale. 
Y yo siempre terminaba cediendo.

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