sábado, 3 de febrero de 2018

Encrucijadas de la Vida /24)

-Seguí.
-Ah, gracias por darme permiso, eh, muchas gracias, pero no, y te dije todo lo que quería, además mejor decime a qué viniste, porque no estás acá para oírme, estás por otra cosa, por lo menos tené la honestidad de decirlo.
-No puedo venir a escucharte.
-La verdad si tu interés es real, te nació un poco tarde, si te hubiera importado cuando que era cuando tenía 13 años, te lo creo, ahora si lo sentís o no, es inútil, a mí si estás arrepentida de lo que hiciste, no me sirve de nada, no borra lo que pasó.
-Lo sé, por eso quería venir a que me lo dijeras, por lo menos quería darte eso.
-Muchas gracias, y te lo digo de verdad, es lo mínimo que podrías hacer y lo hiciste, te lo reconozco, pero...me cuesta estar frente a vos, me mirarte, me cuesta oírte, porque es abrir la herida de vuelta, escarbar, es algo que nunca voy a superar, que te fueras fue tal vez lo peor que me ha pasado en la vida, y saber que seguís viva, que recién ahora a la vejez viruela, y estoy segura que por alguna necesidad reapareciste, me hace mierda, no te lo debería decir, porque no creo que te importe, pero bueno y está dicho.
Le costó mucho mantenerse parada, pero no se iba a derrumbar frente  su madre.
-Ya me voy.
Ni bien Magdalena cerró la puerta, Laura se apoyo contra la pared y fue descendiendo hasta que sus nalgas tocaron el mármol.
Se largo a llorar, como lo hiciera a los 13 años, gritando, a moco tendido, con los puños cerrados, clavándose las uñas contra las palmas, preguntándose una y otra vez por qué.
Estuvo más de una hora en el piso, hasta que el dolor de cabeza fue más fuerte que todos los sentimientos encontrados que sentía, además tenía la cara húmeda y llena de mucosidad.
Se levantó, buscó nen su cartera un pañuelo de papel, se refregó la nariz violentamente, fue al baño, se echó varias palmadas de agua, y luego fue hasta la mesa de luz a buscar las pastillas de ibupofreno.
Seguía sintiéndose mal, aunque más calmada, igual la invadía una sensación de suciedad, por lo que se desnudo y se metió bajo la ducha.
Una vez que empezó a sentir que se le arrugaba la piel, cerró ambas canillas, se ató la bata de tolla sobre la cintura, y se quedó dormida sobre la cama.



No hay comentarios:

Publicar un comentario