domingo, 9 de febrero de 2014

Adios a una vida /2)

Mariana colocó la torta en la heladera, era pequeña, ya que no iban a ser muchos invitados.
Nadia, mi cuñadita, siempre trae la suya. Qué ricas le salen, lástima que después se lleva la mitad, pero bueno, es como un impuesto. Además ella no pide nada y encima trae siempre un regalo.

La cosa es que nadie se quede con las ganas de algo dulce y tampoco es cuestión de andar misereando.
Antes de encargar la torta siempre le pedía los ingredientes a Nadia, y luego se los pasaba a la repostera para que le hiciera una igual, solo que más chica.

Y hoy seguro que uno o dos kilos engordo. Como me gustan las cosas dulces, la puta madre. Los antojos que tuve durante los embarazos: 13 kilos engordé con cada uno. Por suerte logré bajarlos bastante rápido. Me deben haber llevado más o menos un año después de cada embarazo. Y eso teniendo los dos más chicos colgados colgados de las tetas y a la más grande correteando por todos lados. 
Pero era joven, ahora mierda bajo 13 kilos en un año.

Dejó la torta y cerró la heladera. Fue al living, sobre una mesa que había al costado, estaban diseminados varios portar retratos, tomó la foto que se había tomado con los 2 chicos, cuando Luciana tenia 1 año.
Qué bien me veía, no hay nada que hacerle, si no te ves bien a los 25, no te ves bien nunca.
Luego tomo el portarretratos de su boda, una tenue sonrisa se dibujo en sus labios, y una mirada profundamente irónica.
¿Qué habrá sido de estos dos?


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